Si le damos nuestra vida a Cristo el diablo no tendrá lugar

Si reaccionamos carnalmente sin control creamos un entorno apropiado para que satanás actúe en la búsqueda de nuestra destrucción. Aunque satanás constantemente tiende lazos, lanza tentaciones y él mismo busca la ocasión para afectar nuestra fe, nosotros podemos darle cabida en nuestra comunión con Dios cuando no somos dóciles para ser guiados conforme al Espíritu Santo, el cual siempre busca nuestra consagración y firmeza en Cristo.

«No tenemos el control de todas las cosas y el poder de satanás nos sobre pasa, pero cuando le damos lugar a Cristo en nuestras vidas, quien con gran poder ha derrotado a satanás, el maligno ya no tiene lugar para controlarnos y conducirnos como esclavos hacia el pecado.»

Con total humildad, arrepentimiento y dispuestos a conságranos para la gloria de Dios debemos cederle a Cristo el gobierno espiritual de la vida, que su trono esté en el centro de nuestro ser, para que bajo su gobierno toda obra del diablo sea derriba de nuestros corazones y seamos libres del poder del mal.

No acumulemos en el corazón la mentira, ni el desamor, que sea con la palabra de Dios y por la llenura de Cristo que todo lo negativo de nuestro yo interno sea desechado. Que con total responsabilidad centremos nuestras vidas en Cristo y que con la palabra del evangelio seamos purificados, transformados y renovados.

Anhelemos la manifestación del Espíritu Santo, quien es el santificador perfecto y que hace que nuestro corazón renuncie al mal y abrace a Cristo y su palabra, porque sólo con el evangelio podemos ser libres de las manos del maligno.

Cada vez que nuestra vida en la trasformación espiritual va tomando la imagen de Dios, mediante la nueva naturaleza de Cristo, menos lugar daremos a satanás y estaremos más capacitados para soportar sus ataques y resistir sus seducciones.

A través de la gracia en Cristo, por todos los medios recibidos para crecer cristianamente y renunciando a la vida antigua sin Cristo cerramos toda posibilidad a satanás, así no se puede aprovechar de nosotros, ni logrará oponernos a Dios, más bien, será derrotado, tal y como Dios quiere que suceda, porque, aunque Cristo ya venció a satanás, nosotros debemos derrotarlo todos los días, lo cual inicia cuando no le damos más lugar en nuestras vidas.

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