Necesitamos a Cristo y su paz

El mundo nos ofrece paz, pero hay que vivir conforme a su sistema, y así es como este tipo de paz nos mantiene en enemistad con Dios, por eso es por lo que la paz del mundo no es duradera y, a decir verdad, al someternos al mundo seguimos expuesto a la ira y castigo de Dios, perseguidos por su justicia, ya que Dios aborrece el pecado, pero cuando creemos en Cristo somos perdonados y así nos une con Dios en una estrecha relación de paz.

«Así que, la paz no llega porque nos imaginemos un cielo azul, porque evitemos corres riesgos en la vida o porque huyamos de los problemas. En realidad, la paz que le urge a nuestra vida es la paz que resulta de la reconciliación con Dios a través de Cristo, porque así somos perdonados y no sentimos persecución divina, sino que disfrutamos la presencia de Dios. En esta vida vamos a enfrentar tormentas, y no podemos evadirlas, pero si la presencia de Dios va a nuestro favor no importa todo lo que este en contra.»

En la comunión constante con Dios somos preparados y fortalecidos para afrontar las dificultades. Cada tempestad que nos azota y nos aflige no hará otra cosa que permitir la ocasión para sentir la presencia de Dios y el cumplimiento de sus promesas en Cristo, ya que para cada tiempo difícil Dios tiene una respuesta. La respuesta fundamental para todo es Cristo, y si creemos en él hoy tenemos su presencia espiritual y la paz en el alma para estar en calma a pesar de los fuertes azotes tempestuosos.

Dios todo lo puede y lo tiene todo, por eso podemos ser sustentados si disfrutamos de su presencia al vivir en la relación de paz, de tal manera que, aunque veamos un presente oscuro por el pecado y las tribulaciones, Dios hará que nuestro futuro se perciba azul, pues a través de Cristo la esperanza de su gloria es veraz. Así que en lugar de tener miedo disfrutemos a Dios y vivamos para su gloria llenos de Cristo y de su paz.

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