Siempre unidos a Cristo

Con Cristo inicia y se desarrolla la nueva vida, en la que podemos dar frutos para la gloria de Dios. La naturaleza pecaminosa que se opone a Dios es cambiada por la nueva naturaleza según Cristo, así recibimos la vida y crecemos hasta consolidarnos, pero para esto hay que perseverar en Cristo. Todos los días tenemos que ser santificados, por lo cual la obra de Dios siempre está activa y por lo mismo tenemos que hacer lo que nos corresponde como parte nuestros deberes cristianos en este mundo en donde se sirve a Dios para sus propósitos.

«La unión con Cristo es posible porque Dios lo dispuso en su amor, de la misma manera es necesaria para que seamos sustentados espiritualmente. Lo que nutre nuestra fe y nos permite estar solidos para no ser arrancados por el mal es Dios mismo. Tengamos la plena seguridad que Dios nos ayuda a permanecer arraigados en Cristo, de esta manera se glorifica, porque él como el labrador perfecto espera una gran cosecha que resultará de su labor para bendecir nuestras vidas en Cristo.»

Quien desprecia a Cristo también rechaza a Dios, por lo tanto, no tiene lugar en los labrados de Dios y la obra divina no opera en su vida para salvación. El que cree en Cristo lo hace a partir del reconocimiento de la necesidad espiritual que hay en la vida y convencido que sólo Cristo puede suplir estas necesidades, de tal manera, que dedicamos toda la vida para estar unidos a Cristo como corresponde. Separados de Cristo hay sequedades, es imposible la vida y se sufre el calor de la ira de Dios, porque como todo labrador, Dios quemará las ramas secas.

La dependencia total en Cristo nos compromete a ser constantes en la práctica de la fe, guardar la palabra de Cristo y amarlo por sobre todas las cosas. Quien no tiene un sentido de responsabilidad para cultivar la comunión con Dios, echar mano de los recursos divinos para mejorar espiritualmente y para servir a Dios, no está manifestando fe y aceptación del evangelio. Nada bueno lograremos si tenemos una religión y practicamos una serie de ritos religioso, porque la única manera de agradar a Dios es cuando nuestra fe y practicas cristianas está en Cristo.

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