El necio cree que todo los sabe y que todo lo puede

Los necios creen que todo lo saben, no aceptan corrección ni una opinión diferente a la que tiene respecto de las cosas o sobre algún asunto, por eso, discutir con ellos nos hace caer en la necedad, puesto que las discusiones con los ignorantes tercos nunca serán saludables. Cuando nos encontremos con un necio hay que mostrarles la verdad de Dios, si la reciben o no, es asunto de ellos y de Dios. Pero también, tengamos cuidado de no ser nosotros los necios, creyéndonos sabios y pudientes, porque esta actitud es despreciable ante los ojos de Dios y destruye la vida humana.

«Todos somos corregibles y debemos tener la intención de corregir a nuestros hermanos, pero jamás aceptaremos corrección si no somos sabios con la sabiduría del evangelio y si por lo mismo no tememos a Dios. La sabiduría nos lleva por el camino de la perfección y de la vida, por eso hay que amar la corrección y tener el interés de ayudar a todo, pero debemos saber corregir, ya que también los necios se creen maestro, sin embargo, termina destruyendo.»

Nuestras relaciones con las personas son de bendición cuando somos responsables al hablar, anhelando la edificación y la correcta orientación, pero también, debemos saber cuándo hablar y considerar que, dirigirnos a los necios tienes sus propias consecuencias, por eso debemos estar preparados para no caer en su forma de discusiones ofensivas, arrogantes y mal intencionadas.

Cuando en el corazón de las personas no está Cristo y su palabra la vida no está gobernada por el bien, el espíritu que se manifiesta es el del mal, quien es altivo y destructivo desde el principio. Por esto es por lo que, en realidad, todos necesitamos buscar la sabiduría de Dios, tanto para actuar correctamente en la vida, como para tratar con todas las personas. La sabiduría celestial y espiritual es tan fundamental porque el necio se pierde no solo en esta vida, sino también en la venidera, ya que sólo con esta sabiduría se puede recibir el evangelio, creer en cristo, vivir bajo el temor de Dios y ser perfeccionados para su gloria.

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