Somos transformados

Ser el que Dios quiere que seamos nos llevará toda la vida, y no es que Dios no pueda contra el mal de nuestras vidas, sino que él ha querido llevar a cabo nuestra transformación a través de un proceso dinámico, es decir, en el que nosotros estemos involucrados, pero siempre dependiendo de él, así lo conocemos más, y disfrutamos de su comunión. Dios nos ha concedido al Espíritu de Cristo a través del Espíritu Santo para que opere el cambio en nuestras vidas de manera permanente, manifestando en nosotros la victoria de su cruz, con la que venció al mal.

“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:17-18 RVR1960

La obra de salvación es totalmente de Dios, pero a través de los recursos espirituales nos involucra para que seamos responsables del crecimiento espiritual, por lo que jamás nos exime de nuestros deberes cristianos y de estar involucrados en la santificación de nuestra vida. Pero no debemos vivir frustrados por lo que no hemos podido cambiar, ya que nos se trata de que nosotros cambiemos por nuestra fuerza, sino de vivir y disfrutar la gracia de Dios con la que el nos renueva cada día. Asegurémonos de estar haciendo lo que nos corresponde y dejemos que Dios actué.

Por el Espíritu Santo que nos comparte la fe para creer en Cristo tenemos comunión con Dios, podemos vivir su presencia, aunque no plena, y al experimentar su gloria espiritual somos transformados día a día para participar de la santidad de Dios. Así un día lo veremos cara a cara, ese día será cuando Cristo venga en gloria, cuando plenamente lo mortal se cubra por completo de la vida y lo imperfecto de la santidad.

Por el sacrificio de Cristo en nuestro favor, y por su permanente intercesión tenemos acceso todo el tiempo a Dios, así somos auxiliados en nuestros pecados y revestidos de Dios, por lo mismo somos más fuertes ante el pecado, o por lo menos es lo que Dios anhela. Sin embargo, al no estar firmes en su gracia fracasamos de día en día, cosa que Dios no quiere, pero que sucede cuando no consideramos los medios espirituales que nos ha dado. No hay forma de ser salvos y transformados si despreciamos a Cristo y la obra del Espíritu Santo.

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