Cristo es el gran pastor que nos acompaña siempre para superar el mal

Seguir a Cristo como nuestro gran pastor guiados por su voz, atendiendo sus promesas y obedeciéndolo, nunca nos hará andar en inseguridad, aunque nos toque cruzar por los peores caminos, es decir, toda adversidad y luchas en esta vida podemos superarlas con su eterno cuidado, el cual es real por su eterna presencia en nosotros y con nosotros. En este mundo caído padeceremos por causa del mal, pero la presencia y ayuda de Cristo nos capacita para no temer, nos prepara para resistir y perseverar en victoria hasta el final.

«Nunca la oscuridad podrá hacer que nos perdamos cuando el que nos guía es pastor y luz a la vez, no podemos detenernos en los caminos más difíciles de transitar si el que va por delante los ha caminado todos cuando tuvo que acudir a la cruz, por eso ni la misma muerte nos puede sujetar, porque Cristo la derrotó, la tumba no lo pudo encerrar para siempre, por eso es por lo que no debemos tener miedo en ningún tiempo o situación como para paralizarnos y no seguir a Cristo con fe y esperanza.»

Todo valle difícil de esta vida debe ser transitado con gozo y esperanza, porque, aunque la situación sea difícil hay que tener confianza de que Cristo nos lleva hacia la cumbre más alta. Con Cristo podemos avanzar con firmeza, ya que hará de nosotros un rebaño fuerte y satisfecho, porque nunca nos dejará sin el sustento para que estemos bien. En nuestros tiempos de debilidades Cristo nos infunde fuerza, nos vivifica y nos defenderá de todo enemigo que nos enfrente aun en las tinieblas más espesas.

Que no nos gane la aflicción o la decepción en los caminos tenebrosos, porque todo eso es pasajero, no es nuestra ultima morada, es sólo un momento y además enfrentamos la sobra del mal, a lado de la presencia manifiesta de Cristo, quien ha prometido estar en nosotros y con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, él no nos deja ni nos desampara, y con total compasión nos pone sobre sus hombros cuando quedamos heridos en esos transes difíciles. Cristo jamás dejará que nos perdamos en la oscuridad, ni nos dejará tirados en nuestros cansancios y caídas.

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