Seamos buenos y serviciales

¡Eres una bestia! Escuché que le decía llena de ira una señora a su sirviente. Esto mi hizo reflexionar en lo que significa el respeto a la dignidad humana y sentí una gran pena en mi interior porque pensé en cuantas veces los hombres y las mujeres que somos cristianos nos comportamos como si no lo fuéramos. Pareciera como si en la vida diaria no se mostrar la diferencia entre los hijos de Dios y los que toda aún viven esclavos de satanás, quien siempre impulsa a la humanidad a pecar contra Dios y contra el prójimo.

Todos deseamos ser respetados. Cuando alguien nos falta nos sentimos indignados y en ocasiones reclamamos. El director de una escuela espera que tanto alumnos como maestros y hasta los padres de familia, como decimos comúnmente “le den su lugar”. El padre y la madre, por su puesto, esperan consideración de los hijos y de su cónyuge. El jefe de la oficina no tolera nunca que alguien deje de obedecerle y de tratarle con respeto.

Los ancianos no esperan que los jóvenes los traten con tanta indiferencia. Todo esto está, por supuesto, perfectamente bien. Sin embargo, lo que notamos en ello, es que el respeto viene comúnmente de abajo hacia arriba. Pero ¿Qué del respeto a la inversa? ¿De qué manera trata el director o el maestro a sus subordinados o alumnos? ¿Los padres a los hijos? ¿Los jefes a sus empleados? ¿Los ancianos a los muchachos?

Lo antes mencionado es sólo una parte muy sencilla de la vida cotidiana. En realidad, nuestra vida de fe es eso, la vida misma, porque al creer en Cristo recibimos una vida nueva con una nueva naturaleza. Esta vida es dedicada para la gloria de Dios, porque fue Dios el que decretó, planeó, ejecutó y aplicó nuestra salvación en Cristo. Así es como debemos desechar toda vida de idolatría, porque es idolatría cuando no hacemos lo que Dios demanda y lo que él espera que hagamos. Por otra parte, en todas nuestras relaciones humanas se debe reflejar el evangelio como parte de nuestra vida. Es un deber, placer y privilegio formar parte de la evangelización mundial, por eso el buen trato con los demás es importante.

Que nuestra vida justa sea el resultado de confiar en la justicia de Cristo, de depender de sus méritos en la cruz y delante de Dios. Mantengamos nuestra vida centrada en la palabra para que el Espíritu Santo opere transformación, cambio y renovación en nuestras vidas, de tal manera que vayamos siento justos, no sólo porque Dios nos declara justos, sino porque también el quiere hacernos justos en Cristo, para que así sirvamos en su reino dando muchos frutos en la evangelización.

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