Vivamos la vida con gozo

Leí hace algunos meses una entrevista que se le hizo al escritor argentino Juan Filloy, que estaba para cumplir 103 años y se preparaba para la publicación de su libro número 56. Se le hizo, por supuesto, la pregunta obligada: ¿Cuál considera usted que es el secreto de una vida tan fructífera y larga?, a lo que repuso el escritor: “comer la mitad, masticar el doble, caminar el triple y reír el cuádruple”. ¿verdad que no parce tan difícil seguir el consejo? Yo pensé lo mismo hasta llegar a “reír el cuádruple”. Tuve que hacer varias reflexiones: la risa, una risa frecuente, franca, limpia y sincera, símbolo de alegría y felicidad interior. Y en realidad, ¡que poco reímos!

Si va por la calle, o se encuentra en algún sitio en donde están reunidas varias personas, incluyendo nuestras iglesias, observe el rostro de los que le rodean; estudiémonos a nosotros mismos, quizá frente al espejo descubriremos que las líneas del rostro no son de gozo; más bien encontraremos adultez, señales de desagrado, preocupación y hasta enojo.

Si somos de edad a avanzada, o como se dice en la actualidad, si pertenecemos a la “tercera edad” la mayor parte del tiempo en lugar de reír, gruñimos; en vez de manifestar serenidad y paz, nuestro gesto es de desagrado y de inconformidad, claro está, este no es el caso de todos. Aunque debemos de decir, que, sin el gozo de Cristo en la vida, en cualquier edad se vive en amargura o solo con la alegría pasajera.

Si toda la vida hemos sido de caras largas, apagados, marchitos o enojones, hoy hay esperanza. Aunque es difícil borrar las huellas del espíritu de crítica, de desprecio, y de desagrado a lo que nos rodea. Con la presencia de Cristo en nosotros podemos recibir el gozo más grande e indestructible. Cuando conocemos la gracia vivimos el favor inmerecido de Dios, pues el nos da lo mejor, nos participa de la salvación y nos ayuda a superar los tiempos más difíciles. Solo en el ejercicio de nuestra fe aprendemos a vivir en relaciones de alegría con todos, a pesar de nuestras diferencias y defectos.

Si contamos nuestras bendiciones descubriremos que existen muchísimas razones para que nuestra vida toda, y de nuestro rostro, emane esa luz hermosa que es resultado de la alegría y de la felicidad interna, de ese fruto del Espíritu Santo que es el gozo. Dios nos comparte del gozo de Cristo con la presencia del Espíritu Santo. Esto es lo que hace que en todo tiempo podamos gozarnos, ya que no dependemos de las circunstancias, si no de Dios. Aunque las circunstancias cambien, Dios no cambia, y si los tiempos son difíciles Dios lo canaliza todo para nuestro bien y todas sus promesas nos bastan para esperar gozosos en él.

Oración: Señor, pon en nosotros el gozo de la salvación y de la vida eterna, danos el deseo de estar siempre alegres y gozosos, mostrando así nuestra gratitud por todo lo que hemos recibido de ti. Danos la capacidad espiritual para confiar en ti y esperar en tus promesas, y que nuestra fe se desarrolle para afrontar las adversidades creyendo que con tu presencia nos basta para estar bien y contentos.

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