No a la carne, y si al Espíritu Santo para vida eterna

La vida llena del Espíritu Santo es una vida salva, llena de Cristo y encaminada a un estilo de vida nuevo y siempre renovándose para la gloria de Dios. El Espíritu Santo es poderoso sobre la carne, sobre nuestros pensamientos y deseos, pero, además, siempre está obrando para que toda nuestra vida se santifique. Por esto es por lo que debemos buscar la ayuda del Espíritu Santo; sólo por la intervención del Espíritu Santo tenemos entendimiento espiritual y convencimiento del evangelio, nos dirige en la verdad para centrarnos en Cristo y en la voluntad de Dios.

«Si no honramos la presencia divina en nosotros no podemos ser libres del poder del mal, seguiremos viviendo sin control espiritual, sometidos a la carne para la gloria de satanás y bajo maldición, porque, precisamente la muerte es la consecuencia de no permanecer en la palabra de Dios y por buscar satisfacer la carne con los ofrecimientos de satanás. Lo que hace mal y es pecado contra Dios, es cuando dirigimos la vida bajo el estilo y sistema de este mundo, ya que dicho sistema es contrario al propósito y voluntad de Dios, y como es creado por satanás, al fina trae destrucción y muerte, más el propósito de Dios es vida eterna.»

Los deseos humanos y todo anhelo se corrompieron por el pecado, por esto necesitamos la intervención divina en nuestras vidas y aunque esta obra dure todos los días al final será completada y nuestras vidas serán puras para la gloria de Dios. Ahora con toda diligencia debemos prestar atención a la palabra de Dios, así el Espíritu Santo nos purificará, y llevará nuestras vidas por el sendero del bien, daremos frutos dignos de un hijo de Dios y perseveraremos con nuestra fe puesta en lo celestial y venidero a la vez que renunciamos a la carne y al mundo.

Que fuera de Dios nadie determine nuestro estilo de vida y propósito, anhelemos la santa orientación del Espíritu, seamos dóciles y humildes, de esta manera seremos llenos de la gracia y del poder de Dios para ser fuertes y renovados ante el pecado, porque sólo así estaremos más firmes y viviremos files a Dios. A lado del Espíritu Santo no solo podemos evitar en mal, sino que, además, producimos buenos frutos espirituales y recibimos dones y ministerios para servir en el reino de Dios como testigos de Cristo. La voluntad de Dios es que con su Espíritu Santo podamos compartir el evangelio para salvación y edificación en este mundo en lugar de estar sometidos al mundo conforme a los deseos de la carne. Digamos no a la carne, y si al Espíritu Santo para vida eterna.

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