Jesús es el Salvador

Dios prometió un Salvador y él cumplió la promesa por medio de Cristo, porque Cristo vino al mundo como enviado de Dios para darnos vida eterna, derramó su sangre y murió para perdón de nuestros pecados. Para que las bendiciones de la cruz de Cristo lleguen a nuestras vidas debemos recibirlo con fe, más los que lo desprecien seguirán bajo la maldición del pecado esperando la condenación eterna.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A este, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.” Hechos 5:30-31 RVR1960

No basta ser religiosos con cualquier religión, porque está visto que la religión que desprecie a Cristo, aunque hable de Dios es falsa y no hay ningún beneficio espiritual en ella. Desde el inicio del ministerio de Jesús, quienes deberían tener el conocimiento de su obra y que por lo mismo debieron abrazarlo con fe, lo llevaron a la cruz como si fuera un farsante, cuando en realidad, él era el Salvador prometido y enviado.

La culpa del ser humano llevó a Cristo a la cruz y él la aceptó voluntariamente, y siendo humano fue exhibido en ella como si fuera culpable. Cristo tomó nuestro lugar en la cruz y todo el peso el castigo por nuestras maldades cayó sobre él. La obra de Cristo cumplió con todas las exigencias de la ley, pues todo el que transgrede la ley de Dios debe morir, aunque Cristo no pecó cargó con nuestras culpas, así aplacó la ira de Dios y por medio de él Dios quita nuestras culpas, pero esto es así cuando nos arrepentimos reconociendo nuestros pecados y aceptando por la fe a Cristo y su sacrificio.

El que Cristo haya resucitado significa que lo que realizó con su vida y en la cruz fue a probado por Dios, cumplió con el propósito de Dios y su sacrificio es eficaz para nuestra salvación. También Cristo fue exaltado al dársele el lugar que había dejado cuando se despojó para salvarnos, y como ahora domina sobre todo e intercede por nosotros en el trono de Dios, con total confianza debemos poner en él nuestra fe arrepentidos de nuestros pecados para salvación.

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