Amemos a Dios porque siempre nos hace bien

El amor de Dios experimentado y manifestado en nuestra vida nos motiva a amarlo, ya que los resultados del amor de Dios en nosotros tienen como propósito nuestra salvación y la liberación permanente del poder del mal. No hay ni un solo instante en nuestra vida en el que no gocemos del amor de Dios, pues toda la provisión necesaria en la vida emana de la fuente del amor de Dios, porque nada nos merecemos, sino que todo nos lo ha dado, porque Dios nos ama incondicionalmente.

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.” Salmos 18:1-3 RVR1960

Así como son seguros los triunfos de Dios en beneficio de nuestra vida, así debe ser segura nuestra declaración y determinación para amar a Dios por sobre todas las cosas. Por esto es por lo que, debemos vivir siempre seguros, sabiendo que Dios está a nuestro favor, y así, aunque el mal nos persiga, pasemos necesidades y todo este contra de nosotros vamos a seguir adelante. No debemos amargarnos contra Dios en los tiempos difíciles. Dios siempre nos ayudará en las pruebas, él siempre hará su buena voluntad en las pruebas y a través de las pruebas para cumplir su propósito de nosotros.

El amor a Dios debe ser agradecimiento por todo lo que él es y lo que él está haciendo permanentemente, pero eso también debe mostrar nuestro crecimiento en la comunión con él, en el conocimiento del evangelio, porque es precisamente a través de Cristo que Dios nos ha amado eternamente, está ejecutando el plan de salvación y manifestará siempre sus bendiciones aún en los tiempos más difíciles. El amor de Dios no se agota, por eso siempre nos está amando y este amor no es superado por el pecado ni por la prueba más difícil. Así que, siempre tendremos el amor de Dios y podremos disfrutar de él.

En su presencia Dios siempre nos proporcionará refugio y protección, nos dará firmeza en medio de la lucha diaria así nunca vamos a fracasar ante el poder del mal. En la vida diaria no podemos estar sin la fortaleza de Dios, necesitamos su poder para resistir, para enfrentar al enemigo y para hacer nuestra misión en la vida. Solo Dios puede hacernos inalcanzables ante el mal, solo él puede vestirnos de lo necesario para no ser destruidos y él es el que siempre nos va a defender y nos tomará de la mano para que no caigamos. Por todo esto no debemos dudar de que todo nuestro amor debe ser para Dios.

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