Cristo es nuestra verdadera riqueza y la fuente de toda nuestra provisión

Lo mejor que le puede pasar a uno es la exaltación de Dios, y lo peor es la humillación de Dios. Nada es mejor como tener el evangelio y, por lo mismo todas las promesas y bendiciones de Dios, porque, aunque uno tenga cosas materiales en abundancia, si Dios no está a nuestro favor, todo será pasajero y, además, todas las personas quedan insatisfechas.

«En este mundo debemos anhelar tener lo que Dios quiere darnos y, para eso, debemos esforzarnos con la bendición de su fortaleza, pero no debemos anhelar mas de ello, porque de esa manera nos afanaremos inútilmente.»

El gozo más grande lo recibimos cuando conocemos la gracia de Dios en Cristo, cuando Dios nos toca con el poder del evangelio. Muchos solamente conocen el gozo que las cosas del mundo les da, por eso no pueden estar bien, porque tampoco tienen esperanza para el porvenir, así es como todo lo que tienen solo les alcanza para esta vida. Por esto podemos decir, que no importando cual es nuestra condición en este mundo, todos necesitamos del evangelio.

Tanto la pobreza como la riqueza material, no es prueba de nuestra fe en Cristo, tampoco esto muestra la ausencia del evangelio. Por esto es que podemos decir, que nuestra vida en el evangelio podrá disfrutar conforme a la voluntad de Dios, porque el evangelio es suficiente. En cuanto a esto también podemos mencionar, que Cristo es el fundamento para lo que materialmente Dios quiera darnos, él es la verdadera felicidad de la vida y por medio de él somos dirigidos para andar en la voluntad de Dios.

Los humildes en el evangelio, durante las pruebas pueden ver el poder y la gracia de Dios, por eso para ellos las pruebas se convierten en bendiciones y en plataformas para crecer en la fe. Pero para los ricos sin Cristo, las pruebas son derrotas y humillaciones y muestra que todo lo que tienen se puede desvanecer en cualquier momento en esta vida, lo cual creemos que desaparecerá por completo indudablemente en la vida venidera. Así que, no confiemos en las cosas pasajeras de esta vida, ni esperemos ser felices con ello. Pongamos nuestra fe en Cristo, quien es nuestra verdadera riqueza y la fuente de toda nuestra provisión.

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