Nuestra fe debe estar puesta en Cristo quien es nuestro Salvador y Señor

No importa que tan sorprendente sea una persona o las cosas que suceden, si no se relacionan con Cristo tales cosas o persona no tiene valor en cuanto a la fe, es decir, nuestra manera de ser o lo que ocurra en asuntos de fe, si no es el resultado del evangelio no puede ser de bendición en nuestras vidas.

«Lo que tiene valor espiritual, es todo aquello que en verdad es fruto o resultado del evangelio. Una persona puede ser muy influyente, pero si no es con el evangelio o por el evangelio no tendrá resultados eternos. Toda manifestación, que no es producto de la manifestación de Cristo, no puede ser aceptada como regla para la fe, ni para alentar nuestra fe.»

La labor del Espíritu Santo no es promoverse a sí mismo, mucho menos promover a alguien o alguna cosa, sino glorificar y manifestar a Cristo en la vida. El Espíritu Santo nos impulsa hacia Cristo, nos recuerda siempre el evangelio y nos guía a través del evangelio para la práctica de la fe. Todos los frutos cristianos que podemos dar por medio del Espíritu Santo, son el resultado de estar en Cristo.

El ministerio del Espíritu Santo hará que reconozcamos la autoridad de Cristo sobre todo, pero también como la fuente de nuestra fe y para los resultados de todo lo que podamos hacer con la dirección del Espíritu Santo. Cuando somos ignorante de la manifestación del Espíritu Santo corremos el riesgo de poner nuestra confianza en lo que es erróneo. Pero también cuando no se tiene el conocimiento de la verdad, erróneamente puede uno despreciar las bendiciones espirituales que Dios nos ha querido dar para nuestro crecimiento espiritual y para que Cristo sea honrado.

Cuando somos enseñados por medio del Espíritu Santo, somos convencidos y convertidos para vivir en Cristo y practicar nuestra fe conforme al evangelio. Porque Cristo nos es enseñado como nuestro Salvador y Señor, pues él ciertamente murió en la cruz por nuestros pecados y al tercer día resucitó de entre los muertos.

Toda nuestra labor conforme a los dones espirituales puede cumplir con el propósito, porque nada puede detener el poder del evangelio, y porque precisamente todo lo malo fue vencido por la cruz de Cristo y su resurrección. Nuestra mayor esperanza en la vida y en todo lo que hacemos está en Cristo quien es el Señor. Por lo tanto, nuestra fe debe estar puesta en Cristo quien es nuestro Salvador y Señor.

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