Creamos en Cristo para ser ricos espiritualmente

Cristo ofreció su vida delante de Dios por la nuestra. Todos merecíamos ser castigados por pecar contra Dios, porque no teniendo ninguna necesidad, por el contrario, Dios habiéndonos dado todo, le fallamos como sus criaturas. Sin embargo, Cristo tomó nuestro lugar para que la ira de Dios callera sobre él y así nos libró del infierno eterno. Por esto es por lo que podemos decir, que la salvación es una bendición divina que no merecemos, sin embargo, la tenemos.

«Antes de que Cristo caminara sobre esta tierra no era débil como nosotros, no estaba sujeto al dolor y a las necesidades, pero para salvarnos se humanó, estuvo entre nosotros y caminó de manera voluntaria hasta la cruz dispuesto a entregar su vida. Cristo no tomó en cuenta su gloria con tal de llevarnos a la gloria de Dios, tampoco tomó en cuenta su vida para darnos vida eterna. Esto quiere decir, que, en la obra de Jesús como nuestro Cristo, se humanó y sufrió el dolor más fuerte muriendo en la Cruz para que hoy tengamos eterna salvación.»

Por amor a nosotros Cristo no se quedó en su majestad, porque de lo contrario no podría padecer dolor, ni muerte de cruz. Cristo nos visitó en nuestra peor miseria y maldición espiritual, porque aun cuando él no peco, decidió hacerse responsable de todos nuestros pecados, los puso sobre sí y delante de Dios estuvo dispuesto a derramar su sangre y dar su vida como el precio por nuestro castigo. Cristo sufrió el desprecio y abandono de Dios, para que ahora seamos recibidos y aceptados como hijos.

Hoy tenemos las riquezas celestiales y las bendiciones del reino de Dios como herencia, porque Cristo se hizo pobre. Si Cristo no hubiera nacido en el mundo, en una familia pobre y con la disposición de ser despreciado por los seres humanos, nuestra vida ahora mismo estaría en la miseria espiritual, viviríamos separados de Dios y sin esperanza. Sin embargo, hoy tenemos por la fe en Cristo, todos los favores de Dios, las bendiciones eternas y la esperanza de la gloria celestial, para vivir sin ningún sufrimiento por toda la eternidad.

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