El tiempo con nuestros hijos es muy importante e irrecuperable

Los padres somos los primeros que recibimos a nuestros hijos en la vida y somos las personas que Dios ha puesto para que ellos reciban amor y dirección. El tiempo que ha pasado y que no hemos estado con ellos no podemos recuperarlo, pero si podemos corregir nuestra actitud hacia ellos y proveerles el afecto que naturalmente necesitan.

«Vivir la vida al máximo, es estar en la comunión con Dios y como resultado de esto, es pasar el mejor tiempo con nuestra familia, y como padres, dándole lo mejor a nuestros hijos. Recordemos, que la vida pronto pasa y no sabemos hasta cuando nos tendrán nuestros hijos, ni sabemos hasta qué tiempo los tendremos a ellos.»

Parece que la tristeza y el dolor más grande en la vida de una persona, es la pérdida de algún hijo y eso es algo no tan fácil de superar. Pero también, es común que por el afán de darles a los hijos lo material, fácilmente nos afanamos en ello, y por lo mismo, aun en vida los hijos se pierden, pues no se invierte tiempo con ellos, lo que puede provocar una relación fría y sin calidad. En realidad, nada puede superar el afecto que nuestros hijos necesitan, y esta misma responsabilidad nos debe llevar a proveerles lo material con la ayuda de Dios.

No dejemos que la vida pase en vano, valoremos y practiquemos la convivencia con nuestros hijos. Indudablemente, el anhelo de los hijos en los primeros años de sus vidas es disfrutar la presencia de sus padres, y a la medida que esto se cultiva y ellos crecen, esta relación se vuelve más sólida y es fundamental para el desarrollo y madures de sus vidas.

Que ninguna otra responsabilidad y obligaciones nos hagan descuidar a la familia. Con la guía de Dios a través de su Espíritu Santo, y por medio de su palabra, debemos aprender a priorizar.

Todas las demás cosas que Dios nos ha encomendado en la vida, son precedidas por nuestras responsabilidades en la familia, porque cuando realmente somos obedientes ante Dios en nuestros roles, comenzaremos con llevar a cabo los roles del hogar, pues en ese orden Dios demandó nuestro servicio, Génesis 1:28 dice;  Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Aprovechemos cada oportunidad que Dios nos da en esta vida y busquemos su bendición para darle lo mejor a nuestros hijos, para que seamos esas personas idóneas en el plan de Dios, para dar amor, dirección y todo lo que Dios ha dispuesto que los padres provoquen en sus hijos, para que sean personas de bien, llenos de bendiciones y encaminados siempre en la comunión con él.

Muchos dicen, que para ser padres no se estudia. Esta expresión es usada, en cierta medida, como un justificante de los errores y fracasos que como padres llegamos a sufrir. En realidad, sí podemos aprender a ser buenos padres, y esta enseñanza inicia, cuando con total humildad reconocemos que no lo sabemos todo, y que en verdad nuestros hijos necesitan padres maduros e instruidos principalmente en la palabra de Dios. Pero nótese, dijimos; “en la palabra de Dios,” no en la religiosidad ni en el legalismo ignorante.

Al final de nuestras vidas como padres, quedará en el corazón, la tristeza, la desilusión o la satisfacción respecto a nuestro papel en la familia. Hoy podemos evitar el remordimiento de conciencia si nuestros hijos son pequeños y si toda vía podemos pasar tiempo con ellos, si podemos jugar, darles amor, escucharlos y abrazarlos con todo el amor posible.

Creamos que el amor más sincero que los hijos pueden recibir de una persona comienza en casa, que sus mejores maestros son sus padres y en quienes debieran confiar ciegamente debe ser en sus padres, aunque lamentablemente, esto no siempre es así, porque muchas veces, es en casa en donde los niños son más lastimados. Aquí les compartimos algunas orientaciones:

Compartamos con nuestros hijos el mejor tiempo posible.

A pesar de que, por las necesidades, hay de dejar a los hijos al cuidado de otras personas, ya sea en casa o en alguna estancia, mientras se sale a laborar, porque en muchos casos ambos padres trabajamos, no nos olvidemos, de que al estar con ellos debemos mostrarles toda la atención posible. Hagamos el sacrificio de que, a pesar de estar cansados, podamos darles tiempo, sin mostrarles incomodidad debido a nuestro esfuerzo.

A los hijos les afecta mucho, que les hagamos ver que estamos con ellos por obligación, o que en ese tiempo en el que estamos conviviendo mostremos enojo y mal humor. Nuestros hijos no son culpables de nuestras cargas de trabajos, presiones, frustraciones, cansancios o preocupaciones, sencillamente, porque ellos no pidieron ser nuestros hijos. Aunque pensándolo bien, debe ser de mucha satisfacción, que un día nuestros hijos llegaran a decir, que, si tuvieran la oportunidad de volver a nacer, querrían que nosotros fuésemos sus padres.

Tratemos de acompañarlos en esos momentos que para ellos son muy significativos, entremos en su mundo para poder conocer sus corazones, aunque todo se escuche fantasioso. Jamás los podremos ayudar, si no nos involucramos en sus vidas, si no los escuchamos y si no somos empáticos con ellos. La única manera para estar en sus problemas, es no juzgándolos, no criticándolos ni mucho menos despreciándolos. Al comportarnos de esta manera, confiarán, aceptarán consejos y la disciplina.

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