Tengamos mucha fe para confiar

La duda en medio de las dificultades se vuelve frecuente cuando no profundizamos en la verdad del evangelio, cuando no tenemos presentes las promesas de Dios y cuando nuestra vida se aferra a las cosas de este mundo. En realidad, debemos considerar que las pérdidas en esta vida, de por sí un día ocurrirán y que nuestro Dios siempre está al cuidado de nuestras vidas, controlándolo todo y obrando para nuestro bien.

«La duda es el resultado natural de la incredulidad, y esto es cuando no hay seguridad en algo. Nuestra vida no debe ser presa de la duda, hay que tener la certeza de lo que Dios ha hecho por medio de Cristo, hay que estar recordando la muerte de Cristo por nuestros pecados, ya que esta es la obra más importante, porque solo por su cruz somos unidos con Dios para disfrutar de todas sus promesas que son verdaderas y que se cumplen por su fidelidad.»

Dios es tan bueno con nosotros, que aun en la incredulidad nos ayuda para que aprendamos a confiar, pero también, en las crisis y situaciones difíciles obra maravillosamente para que podamos experimentar su poder, fidelidad y bondades. Si nuestra fe está en Cristo no debemos temer, aunque lo que nos rodee sea muy grande, y aunque muchas personas o muchas situaciones se levanten en contra de nosotros, hay que seguir confiando, porque Dios hará que eso sea para nuestro bien.

La vida sin fe está hundida en el mal, porque solamente cuando creemos en Cristo, es que podemos salir del fango de miseria y de muerte espiritual, pero una vez que Dios nos ha sacado por medio de Cristo, debemos cultivar nuestra comunión con él. Por esto es necesario que prestemos interés por conocer más a Cristo, ya que a medida que lo conocemos crece la fe para confiar y para disfrutar.

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