No te quejes, mejor disfruta

No hay que dejar de reconocer las bendiciones que tenemos por estar quejándose de aquellas cosas que nos hacen falta. Cuando no apreciamos todo lo que Dios nos ha dado, seguramente tampoco lo podremos disfrutar, ni estaremos en condiciones espirituales para buscar las demás bendiciones en Dios. El agradecimiento siempre será la buena actitud para disfrutar la vida, y para clamar a Dios en oraciones de ruegos y súplicas.

“La queja te ciega para que no veas las bendiciones de Dios y para que no disfrutes, y te frustra para que no avances en la vida.”

Contemos y cantemos todo lo que Dios nos da a diario, así seremos conscientes de que somos personas bendecidas y llenas de la gracia de Dios. Pensemos que si ya tenemos la salvación es porque Dios nos dio a Jesucristo, su único Hijo, y lo puso en la cruz para que pagara por nosotros hasta el último de nuestros pecados. Por lo tanto, si Dios ya nos dio a Cristo, quien es lo más importante, también nos dará cada bendición que nuestra vida necesita, pero sí debemos ser agradecidos y reconocer las bondades de Dios.

Jesucristo es lo mejor que tenemos y es la mejor garantía de que Dios nos dará todas las cosas, así lo dice la Biblia: “Dios no nos negó ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, así que también nos dará junto con él todas las cosas.” Romanos 8:32 TLA. Pero si no reconocemos o si no aceptamos esta gracia divina como fundamental para nuestra vida, entonces nada puede hacernos mejor bien, porque incluso, si esto fuera sólo lo que tuviéramos sería suficiente para nuestra vida, de hecho, Cristo es suficiente, es lo único que necesitamos.

Para ser feliz en esta vida solamente necesitamos a Cristo, y solamente Cristo es el camino para la gloria celestial, así que, no nos quejemos por nada, disfrutemos a Cristo y estemos seguros de que a través de él Dios nos seguirá bendiciendo todo el tiempo. No nos centremos en lo material y pasajero, disfrutemos nuestra comunión espiritual con Dios y aprenderemos a disfrutar hasta del agua que nos cae en el rostro, el canto de las aves y de todos los nuevos amaneceres y atardeceres. 

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