Dios está con nosotros para bendecirnos

Jesús fue anunciado de manera anticipada como nuestro Salvador, y el hecho de que fue engendrado por el Espíritu Santo y que su madre fuera virgen aun después de su nacimiento, manifiesta que la obra para nuestra Salvación viene totalmente como plan de Dios y de su Consejo divino. En la encarnación y en el nacimiento del Mesías se ve la manifestación sobrenatural de Dios para que sea posible la salvación, por eso debemos aceptar que la salvación es de Dios puesta al alcance del ser humano.

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1:22-23 RVR1960

Cuando Cristo fue encarnado no dejó de ser Dios, más bien, por el hecho de que él es Dios y humano, mientras estuvo en la tierra se pudo disfrutar la presencia de Dios en Cristo, pero también su humanidad fue la manifestación más sublime del amor divino, porque con esta naturaleza tomó nuestro lugar para sufrir el dolor por nuestra culpa. Cristo nos hizo sentir la presencia de Dios en el mundo y dio a conocer a través de su persona lo grande del amor divino.

Hoy Dios está con nosotros y en nosotros como Padre Celestial, como Hijo y como Espíritu Santo, esto de manera espiritual, cosa que resultó de la obra de Cristo. Así que, todos los que ponemos nuestra fe en Cristo y nos centramos en el evangelio podemos disfrutar de la relación con Dios, de su presencia y de todas las bendiciones espirituales y materiales que emanan de esta comunión mediante la obra de Cristo y aplicada por el Espíritu Santo.

No estamos solos, siempre podemos contar con la ayuda de Dios, con su fortaleza y con toda su provisión. La presencia de Dios debe darnos gozo y esperanza, porque si está Dios en nuestras vidas debemos saber que siempre está obrando para nuestro bien y que la obra que ha comenzado la completará, por eso estamos seguros de nuestra perseverancia hasta la gloria celestial.

La bendición de estar con Dios es porque Cristo quitó el pecado de nuestra vida y espiritualmente fuimos liberados del poder de satanás, quien nos ataba al pecado. Así que, disfrutemos y adoremos la presencia de Dios por medio de Cristo, porque el hecho de que Dios está con nosotros significa que ya no estamos más bajo maldición ni en condenación.

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