Dios nos hace poseer sus promesas

Las bendiciones de Dios llegan a nosotros por gracia, Dios nos da lo bueno que no merecemos y no derrama sobre nosotros lo que verdaderamente merecemos, siendo en este caso su castigo, su ira y la condenación. Dios hace posible su ayuda y todas las cosas buenas que necesitamos por medio de Cristo, quien fue prometido para resolver nuestro problema espiritual. Dios dirigió la promesa del Salvador a todo el mundo como un acto de amor y de esperanza.

“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.” Genesis 28:12-13 RVR1960

Hoy debemos apoyarnos en las promesas de Dios, porque él cumple, es fiel y todo depende de la obra perfecta de Cristo la cual fue consumada para que no tengamos ninguna duda de que en Dios estamos bien, ahí disfrutaremos siempre, recibimos la vida eterna y toda la riqueza celestial como herencia por la gracia de la cruz. Durmamos siempre tranquilos porque todo está en las manos de Dios y despertemos para cada jornada confiando que Dios obra para el bien de sus hijos.

Fue Cristo el que unió el cielo con la tierra, el que hizo posible que tengamos los tesoros del cielo como herencia. Aunque por nosotros no merecemos nada, por Cristo merecemos el trato amoroso de Dios y el cumplimiento de sus promesas. Por esto en cada instante hay que aprender a reposar en Dios de todas las cargas de esta vida, hay que aprender a buscar su ayuda y a esperar que lleguen sus promesas a nuestra vida en el tiempo perfecto.

Tengamos a Cristo siempre en nuestra vida y que perseveremos en Cristo, porque es así como estamos en el plan de Dios de salvación, de permanentes bendiciones y de gozo al testificar el cumplimiento de su palabra veraz, para que disfrutemos de lo celestial aquí en la tierra. Poseamos a Cristo para poseer todo lo que hizo descender para nuestras vidas y para que cuando nos toque ascender al cielo seamos vestidos de gloria y de alegría por la eternidad. Abracemos cada promesa de Dios y démosle toda la gloria.

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