Guiados por el Espíritu Santo

El Espíritu Santo nos es dado como sello de nuestra salvación, pero también como nuestro santificador. Por el poder del Espíritu Santo la Biblia es hecha eficaz en el corazón y de la misma manera, todo lo que Cristo realizó en la cruz podemos creerlo y aceptarlo convencidos por el Espíritu Santo mediante la fe que se nos implanta por gracia divina, así recibimos la salvación y el crecimiento cristiano.

«No podemos ser salvos, ni desarrollar la fe sin la intervención del Espíritu Santo, por eso es por lo que debemos dejarnos guiar por él y renunciar cada día a los deseos de la carne que se oponen a Dios y a nuestra salvación.»

Vivir para Dios guiados por el Espíritu Santo vivifica nuestras vidas. Toda persona necesita agradar a Dios con su forma de vivir, y no es que Dios deje de ser Dios ante la indiferencia humana. Más bien, es que ninguna persona puede vivir realmente sin la paz que necesita su alma, esta paz sólo es posible a través de la comunión cercana, constante y creciente con Dios.

Es el Espíritu Santo es el que nos convence de nuestros pecados y de la verdad, así es como, sólo por él podemos reconocer que fuera de Cristo no hay salvación, podemos volver a Dios y vivir guiados en su voluntad, perseverando hasta que Cristo regrese por su iglesia. Todos los frutos que Dios espera de nosotros son el resultado de vivir obedientes a él, encaminados por el Espíritu Santo manteniendo toda la atención en la Palabra de Dios, por que por ella somos transformados, nutridos y preparados para toda buena obra, ya que la Biblia siempre muestra a Cristo como necesario en la vida.

Vivir para nosotros y guiados por nuestra voluntad solo trae desgracia, dolor y muerte. Iniciemos hoy una vida diferente, vivamos la vida que agrada a Dios, este tipo de vida es la que se deja llevar por el Espíritu Santo y que encuentra su práctica en la Biblia. Presta atención a la Biblia y amolda tu vida conforme a los consejos que en ella se registran y entonces así agradarás a Dios.

La vida en la carne es para el pecado, conforme a este mundo y para la gloria del mal, por eso vivir en la carne es evidencia de una vida bajo maldición y condenación. Rindamos nuestras vidas a Dios, busquemos la llenura del Espíritu Santo, aferrémonos a Cristo y disfrutemos viviendo la salvación eterna.

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