Vivir sabiamente

Nuestro clamor a Dios por la sabiduría debe ser constante, es menester que siempre estemos tratando de enfocar nuestra vida en todo lo positivo y propositivo, porque no importa la profesión o la dedicación que tengamos, nuestra tendencia es hacia lo negativo y estéril. La sabiduría con la que podemos hacer bien las cosas, viviendo a la manera de Dios es celestial, esto necesariamente implica reconocer la necesidad de tener a Cristo en nuestras vidas, es decir, la fe debe ser puesta en Cristo quien es la sabiduría de Dios para salvación.

«De la misma manera, hoy que tenemos la palabra de Dios, hay que escudriñar en ella, porque al dirigirnos por sus dichos y afirmaciones, podemos recordar la voz de Dios y cada palabra que Jesús enseñó. De esta manera, podemos conducirnos en el propósito de Dios, esperanzados en sus promesas y encaminados por sus mandamientos, así cada día puede ser provechoso bajo el temor divino.»

Dios puede darnos el conocimiento, convencimiento y la sensatez para vivir de manera provechosa y esto puede ser posible cuando nuestra vida en todas sus áreas honre temerosamente su nombre santo; debemos vivir como Dios lo instituye, debemos vivir para su gloria, lo cual es buenos para nosotros, porque todo lo que glorifica a Dios nos edifica.

La indiferencia de quién es Dios nos aparta del camino correcto, y por lo mismo no nos permitirá disfrutar de él, no experimentaremos la comunión que es propia de quienes reciben las manifestaciones de Dios para ser bendecidos, principalmente con la salvación. Por esto, la mejor manera de vivir todos los días y eternamente, es unidos con Dios a través de Cristo.

La persona necia no prospera y sus días son como la hierba del campo que sale por la mañana, pero al atardecer perece víctima de la sequedad. Dios el Creador y sustentador nos puede enseñar la mejor manera de vivir sabiamente, aceptemos la sabiduría que Él nos ofrece. Reconozcamos que nuestros días son cortos en esta vida y en el mundo, que cada paso que damos, decisión que tomamos y acción que realizamos, repercute en nuestra vida presente y futura. Usemos cada instante correctamente, buscando que Dios nos capacite para conocer y hacer su voluntad y así estaremos bien, ahora y en el futuro.

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