El Significado de la última cena de Jesús con sus discípulos antes de su muerte

«Tomen esto y repártanlo entre ustedes, este es mi cuerpo que por ustedes es partido y mi sangre que es derramada por ustedes»

 “Cuando llegó la hora, Jesús y sus apóstoles se sentaron a la mesa. Entonces les dijo: —He tenido muchísimos deseos de comer esta Pascua con ustedes antes de padecer, pues les digo que no volveré a comerla hasta que tenga su pleno cumplimiento en el reino de Dios. Luego tomó la copa, dio gracias y dijo: —Tomen esto y repártanlo entre ustedes. Les digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios. También tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo: —Este pan es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí. De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo: —Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.” Lucas 22:14-20

Los judíos hacían memoria en la sangre del cordero pascual, porque por la sangre del cordero que pusieron en la puerta de la casa, el ángel enviado por Dios para matar a los primogénitos de Egipto no tocó a sus hijos, y porque a través de la muerte de los primogénitos de los egipcios el faraón dejó libre al pueblo de Israel.

Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo. Éxodo 11:1 RVR1960.

Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Éxodo 11:4-6RVR1960

Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Éxodo 12:1-4RVR1960.

Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Éxodo 12:1-4RVR1960

La reunión de Jesús con sus discípulos, es una reunión íntima y familiar porque el cordero se comía en familia o en su caso, con los vecinos más inmediatos (la abundancia del cordero pascual debía compartirse). Sin embargo, Jesús les indica a sus discípulos que a partir de ahora deben “hacer memoria” en su muerte todas las veces que coman el pan y beban la copa. La verdadera libertad se centra no en la muerte del cordero pascual, sino en la muerte de Jesús, que como cordero fue llevado al matadero, dice la Biblia (Isaías 53:7). Ahora el cuerpo y la sangre de Cristo nos dan la vida. Cristo es nuestro cordero para salvación.

Compartiré con ustedes algunas ideas sobre la narración que Lucas hace respecto a la última cena de Jesús con sus discípulos antes de su muerte

Jesús se entregó por la salvación de todos.

En la celebración de la última cena con sus discípulos, Jesús se entregó a ellos; él les dio el pan y les dijo; “este es mi cuerpo, que por ustedes es dado.” (Lucas. 22:19) También tomó la copa y la dio a ellos diciendo; “esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por ustedes se derrama.” (Lucas. 22:20).

 Debemos aceptar el cuerpo y la sangre de Cristo, no para probarlo solamente, sino para comer y beber verdaderamente, esto es, que Cristo esté en nosotros. De esta manera se recibe plenamente la salvación, así es posible la verdadera trasformación de los hijos de Dios; se recibe la naturaleza de Cristo, se tiene la mente de Cristo, Cristo vive en nosotros y vivimos para Cristo.

Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y, si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Romanos 8:9RVR1960

Pues la Escritura dice: « ¿Quién conoce la mente del Señor? ¿Quién podrá instruirle?» Sin embargo, nosotros tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios2:16DHH

…y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí. Gálatas. 2:20RVR1960

Judas recibió el pan y la copa pero solo de manera externa, él rechazó a Jesús en su corazón, pues lo entregó a otros religiosos, incrédulos e hipócrita como él, que preferían por su avaricia las vanidades de la vida. Ya lo dice la Biblia; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. (1 Timoteo. 6:10RVR1960

 Debemos entregarnos a todos.

La íntima comunión entre Jesús y sus discípulos, es también intimidad entre los propios discípulos. Ellos deben continuar juntos, deben entregarse el uno al otro, debe amarse y deben servirse mutuamente. El apóstol Juan narra, que en la celebración de la cena, Jesús les enseño sobre el servicio a través del lavamiento de pies y también les mandó que lo hicieran:

“se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Juan 13:4-14RVR1960

Como conclusión de esta reunión tan especia, en donde todos comieron del mismo pan y bebieron de la misma copa, Jesús les mandó que se amara unos a otros, él no va a estar más con ellos para cuidarlos, ahora ellos deben cuidarse con amor:

Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Juan 13:33-35 RVR1960

El evangelista Lucas narra, que los discípulos discutían sobre quién sería el nuevo líder después de la muerte de Jesús, y en esa ocasión Jesús les enseño sobre el servicio. En la historia apostólica hallamos datos que revelan, que los discípulos si entendieron sobre el servicio y fueron verdaderos siervos del Señor (Lucas 22:24-30).

Aunque en la muerte de Jesús los discípulos se separaron, Jesús al resucitar los juntó para que fueran testigos de la resurrección, para que esperaran el derramamiento del Espíritu Santo y para que llevaran el evangelio hasta lo último de la tierra. (Marcos 16:1-20)

Celebrar hoy la comunión entre nosotros, es recordar que Jesús se entregó por nosotros (hacer memoria de su muerte) y que entregarnos por nuestro prójimo es entregarnos a Jesús; debemos compartir lo que recibimos (Tomen esto y repártanlo entre ustedes, Lucas. 2:17):

Recibimos amor hay que dar amor, recibimos benevolencia hay que ser benevolentes. Debemos compartir el evangelio que recibimos y entregarlo por todo el mundo, aunque por ello debamos tomar la cruz que Cristo tomó cuando se entregó a nosotros y por nosotros. (Juann13:20;  Marcos 9:41; Romanos 15:7; Lucas 9:23).

 

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Yo mismo tomé esta foto, es solo un estilo de foto para ilustrar, que nunca debemos afanarnos por el mañana porque Dios tiene cuidado de nosotros.

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