Amar a Dios y confiar en Él acaba con nuestros lamentos

El gozo, el amparo, la protección y toda clase de bendición llegan a la vida de quienes aman y confían en Dios. Nada puede impedir que los hijos de Dios estén bien en todo momento su ponen sus vidas en las manos de Dios, si aprenden a buscar cada promesa divina a través de los méritos de Cristo.

«Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor.» Salmos 5:11-12

Amar a Dios y confiar en Él trae alegría al corazón, sanan todas nuestras tristezas, y aún nuestras angustias encuentran fin, y es que aunque las aflicciones sigan presentes sus efectos no serán negativos, pues Dios se encarga de que todo resulte para bienes espirituales. Al tener puesta nuestra confianza en Dios, al ejercitar nuestra fe en Él recibimos oportuno socorro.

Dios nunca apartará sus ojos de quienes le sirven de todo corazón, le adoran con el alma y rinden sus vidas siempre para hacer su voluntad. Si hoy tenemos aflicciones oremos a Dios porque el atenderá nuestra causa con misericordia.

Amenos a Dios para que nuestras tristezas se convierta en gozo y para que nuestras quejas se conviertan en alabanzas. Hoy es un buen tiempo para vivir la experiencia de la presencia del evangelio en nuestras vidas, así recibiremos abundante paz, gozo y esperanza, porque el evangelio es la presencia oportuna de Dios en nuestras vidas para convertir todas las circunstancias en bendiciones.

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