Dios nos conoce y nos renueva desde lo más íntimo de nuestro ser

Dios nos ayuda desde lo más profundo de nuestro ser para una vida nueva mediante su Palabra y el Espíritu Santo 

“Señor, tú me has examinado y me conoces; tú conoces todas mis acciones; aun de lejos te das cuenta de lo que pienso. Sabes todas mis andanzas, ¡sabes todo lo que hago! Aún no tengo la palabra en la lengua, y tú, Señor, ya la conoces.” Salmos 139:1-4 (DHH94I)

Dios es el único que nos conoce en lo más profundo de nuestras vidas, Él puede ayudarnos en aquellos pecados y maldades que ni nosotros mismos identificamos, porque brotan de lo más hondo de nuestro ser. Hay patrones que repetimos, gestos y acciones que tiene su raíz en nuestro interior y que muchas veces de manera inconsciente nos llevan a actuar negativamente. Por tal razón, es Dios y sólo Dios el que puede ayudarnos en la transformación de nuestras vidas, porque a la perfección nos examina y porque él tiene la Palabra que justamente necesitamos.

La Palabra de Dios es capaz de llegar por el Espíritu Santo a lo profundo de nuestro ser y nos vivifica en aquello que el pecado ha destrozado. Pero también por otra parte, Dios nos ayuda a conocernos un poco más de lo que nos conocemos, por eso somos probados, porque de ese modo al reaccionar quedamos al descubierto de lo que verdaderamente somos, y de esa manera podemos actuar con diligencia y responsabilidad en un cambio interno de vida. 

Por ejemplo, cuando alguien nos hace daño, podemos reaccionar negativamente y eso es muestra de nuestra carencia de amor, o  podemos reaccionar positivamente y eso muestra que amamos. Que Dios nos ayude a ser mejores personas, porque eso hará que también nos vaya mejor en la vida, nos permitirá responderle a Dios como lo debe hacer un creyente maduro y consiente de la necesidad de ser nueva criatura en Cristo.

La Biblia también dice:

“¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente! Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas; no permitas que tales pecados me dominen. Así estaré libre de culpa y de multiplicar mis pecados. Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío.” Salmo 19:12-14 (NVI)

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