Con Dios si podemos soportar las tentaciones

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Es posible no caer en las tentaciones porque Dios vela por nosotros, pero él también nos manda a velar en oración para no caer 

“Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.” 1 Corintios 10:13 (NVI)

Cuando en nuestro corazón se gesta algún deseo pecaminoso satanás nos ofrece la oportunidad para cumplir ese deseo. Por otro parte, Dios espera que nosotros desechemos esa ocasión de pecar y que tratemos con nuestros deseos pecaminosos, Dios nos ayuda, Él tiene misericordia de nosotros porque vela para que la ocasión de pecar no rebase nuestras capacidades. Busquemos a Dios y aún más en las tormentas negras de tentación, para apagar nuestros malos deseos y así resistir al tentador. A través de la oración podemos apagar el deseo de pecar y también podemos buscar la fortaleza divina para estar firmes.

Ciertamente la carne es débil ante la visita de la tentación, pero además, porque de nosotros mismos brota el deseo de pecar, es por esto que, para poder librarnos del poder de la tentación no es a través de la huida, sino enfrentándola con la fuerza de Dios, Él nos da la fuerza que necesitamos para salir triunfantes de tal deseo pecaminoso, Él es la fuerza en nosotros, es por esto que debemos vivir la presencia de Dios, la cual también nos lleva a una diligente y responsable búsqueda de la santidad. El que sede a la tentación cae sujeto a la muerte, el que permanece firme recibe la corona de la vida.

La Biblia también dice:

“Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil».” Mateo 26:41 NVI

“Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman. Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta». Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.” Santiago 1:12-15 NVI.

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