Dios responde con promesas nuestra adoración

Adorar a Dios es también celebrar las batallas ganadas con la mano victoriosa de Dios, es también rendirnos con humildad ante su presencia reconociendo su señorío con el que nos protege, provee y dirige. Adorar a Dios son acciones de gracias por lo que ha hecho, por lo que hace y por lo que hará

Aquel día le dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, ni te desanimes, porque el SEÑOR tu Dios está en medio de ti como guerrero victorioso. Se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos como en los días de fiesta». «Yo te libraré de las tristezas, que son para ti una carga deshonrosa.

En aquel tiempo yo mismo me ocuparé de todos los que te oprimen; salvaré a la oveja que cojea y juntaré a la descarriada. Les daré a ustedes fama y renombre en los países donde fueron avergonzados. En aquel tiempo yo los traeré, en aquel tiempo los reuniré. Daré a ustedes fama y renombre entre todos los pueblos de la tierra cuando yo los restaure ante sus mismos ojos». Así lo ha dicho el SEÑOR. Sofonías 3:16-20 NVI.

Cuando vivimos la presencia de Dios en una vida practica y fructífera, es cuando le correspondemos en alabaza espiritual, con una adoración ordenada y preparada. Pero también le respondemos mediante nuestra práctica diaria de la fe, a través de todas las cosas que por su misma gracia nos tocan hacer; en ello tenemos fortaleza y la alegría por su presencia para poder enfrentar las luchas diarias que resultan de la oposición de satanás, los deseos del mundo y de nuestra carne.

Dios espera cada día deleitarse a través de nuestra adoración y dispone sus bendiciones para atendernos y aún más, para alentar nuestra vida con esperanzas que se cumplirán en el presente y en el futuro. Hoy es un buen tiempo para ser renovados en el amor divino, abramos nuestro corazón para recibir su gracia y en ello también atesoremos su Palabra que nos es traída constantemente y que nos convida a ofrecerle alabanza sincera.

La Biblia también dice:

Este es el día en que el SEÑOR actuó; regocijémonos y alegrémonos en él. SEÑOR, ¡danos la salvación! SEÑOR, ¡concédenos la victoria! Salmos 118:24-25 NVI.

Si el SEÑOR no me hubiera brindado su ayuda, muy pronto me habría quedado en mortal silencio. No bien decía: «Mis pies resbalan», cuando ya tu amor, SEÑOR, venía en mi ayuda. Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría. Salmos 94:17-19 NVI.

 

 

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