Hay que hacer el bien con acciones concretas

Siempre hay necesitados entre nosotros para hacerles bien, incluso, nosotros también somos necesitados del bien de los demás. Nuestras acciones benevolentes es nuestra respuesta a la gracia de Dios con la que el nos ha hecho, hace y hará toda clase de bien

No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe. Gálatas 6:7-10 NVI

No debemos pretender hacer el bien y no ser concretos y precisos en ello, es decir, nuestras acciones para el bien de los demás pueden ser visibles, medibles y contables. De acuerdo con el bien que hagamos Dios hará con nosotros.

Debemos hacer un balance de lo que hacemos comúnmente por nuestra familia en la fe y por los que no se congregan con nosotros, esto nos ayuda para ver si realmente estamos siendo de bendición en la vida de los demás, porque nuestras obras en favor de los más pequeños, débiles y necesitados son esperadas por Dios.

No es que nuestras obras nos salven o que la recompensa de Dios por nuestras obras sea la salvación, más bien, nuestras obras son el testimonio vivo y externo de nuestra fe y de nuestra salvación. Hoy es un buen tiempo para hacer el bien de manera correcta, porque Dios conoce las profundidades de nuestras acciones.

La Biblia también dice:

 Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor. El que hace el mal pagará por su propia maldad, y en esto no hay favoritismos. Colosenses 3:23-25 NVI.

 Porque Dios «pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras». Él dará vida eterna a los que, perseverando en las buenas obras, buscan gloria, honor e inmortalidad. Pero los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad recibirán el gran castigo de Dios. Habrá sufrimiento y angustia para todos los que hacen el mal, los judíos, primeramente, y también los gentiles; pero gloria, honor y paz para todos los que hacen el bien, los judíos, primeramente, y también los gentiles. Porque con Dios no hay favoritismos. Romanos 2:6-11 NVI.

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