¿Cómo y por qué somos llenos del Espíritu Santo?

Anhelemos la fe para ser llenos del Espíritu Santo y ser transformados para vida eterna y para la gloria de Dios.

El don del Espíritu Santo se recibe por la fe. Cuando somos convencidos del evangelio lo aceptamos por la fe y así recibimos el don de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Con el Espíritu Santo somos sellados como nacidos de Dios, y por lo mismo podemos llamarle a Dios papá de manera íntima.

“Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el Espíritu Santo que él había prometido. Este Espíritu es el anticipo que nos garantiza la herencia que Dios nos ha de dar, cuando haya completado nuestra liberación y haya hecho de nosotros el pueblo de su posesión, para que todos alabemos su glorioso poder.” Efesios 1:13-14 DHH

El Espíritu Santo es la garantía de nuestra salvación porque él opera la gracia de Cristo en nosotros; él nos santifica y hace perseverar a los santos. A través de él podemos ser sustentados por Dios como el padre sustenta a sus hijos.

“Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios. Por este Espíritu nos dirigimos a Dios, diciendo: «¡Abbá! ¡Padre!» Y este mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que ya somos hijos de Dios.” Romanos 8:14-16 DHH

“Cuando somos llenos del Espíritu Santo por la fe, por la misma fe el Espíritu Santo se manifiesta en nuestra vida diaria. Y cuando hacemos que la Palabra de Dios sea la norma de nuestra vida, podemos crecer en fe.Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo.” Romanos 10:17 DHH

Al nacer la fe por la Palabra de Dios y, al recibir el Espíritu Santo por la fe, nace una nueva vida, la vida en el Espíritu, y comienza a morir la vida pecaminosa de la carne, así somos libres de la condenación.

“Así pues, ahora ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús, te liberó de la ley del pecado y de la muerte. Lo hizo para que nosotros podamos cumplir con las justas exigencias de la ley, pues ya no vivimos según las inclinaciones de la naturaleza débil sino según el Espíritu.” Romanos 8:1-2, 4 DHH

Pero es también el Espíritu Santo el que hace que la Palabra de Dios cause efectos de convencimiento en nuestras vidas y nos prepara para servir como testigos de Cristo. “Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Juan 14:26 RVR1960

»Cuando el Espíritu venga, hará que los de este mundo se den cuenta de que no creer en mí es pecado. También les hará ver que yo no he hecho nada malo, y que soy inocente. Finalmente, el Espíritu mostrará que Dios ya ha juzgado al que gobierna este mundo, y que lo castigará. Yo, por mi parte, regreso a mi Padre, y ustedes ya no me verán. Juan 16:8-11 TLA

Hoy nos corresponde usar los medios provistos por Dios, para que podamos crecer en fe y vivamos bajo la dirección santificadora del Espíritu Santo y, de esta manera, vaya muriendo en nosotros la vida antigua que es engañosa bajo los deleites de la carne. Y siendo así también seamos empoderados para testificar a Cristo en todo el Mundo.

“…pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra.” Hechos 1:8 DHH

Compartir