En medio de lobos

No podemos escondernos del mal, porque ahí Cristo nos envió a hacer el bien; para que su nombre sea conocido y la salvación sea manifestada en los que no lo conocen.

Una madre cristiana estaba sumamente angustiada porque su hijo iba a ingresar a una escuela preparatoria oficial. No podía ni conciliar el sueño pensando en lo que algunas de sus conocidas le habían dicho acerca de los desórdenes y maldades de los alumnos de algunas de esas escuelas en las que, según se sabía, había borrachos, drogadictos y amante de lo ajeno.

¡Que panorama se presentaba para su único hijo varón! “si pudiera pagarle la colegiatura en una escuela particular” se decía. Una vecina “muy tranquila”, le dijo: “mira, Chela, en todas partes es igual; si Pepe se va echar a perder, lo mismo va serlo en esa escuela que en el colegio más caro”. Ni eso le dio tranquilidad.

Quien le hizo, al fin, estar completamente confiada en lo que iba a ocurrir, fe su propio hijo, con estas palabras: “me extraña que estés tan angustiada”. Todos tenemos que vivir en este mundo: Jesucristo lo dijo bien claro. No tenemos que vivir fuera de él; solamente debemos mantenernos bajo el cuidado y la protección del padre celestial. ¿Crees que lo estoy? Además, ejemplo he tenido en ustedes que han sabido vivir en limpieza y rectitud. No tengas ningún temor mamá; yo no lo tengo tampoco; así que a alegrase y a confiar.

Si algún padre de familia que lea estas líneas se encuentra en un caso similar, solo esté seguro que su hijo ha conocido desde su infancia al Señor y ha escudriñado atentamente Su Palabra. Confíe, entonces, en sus planes maravillosos, porque estos benefician siempre a los suyos. Y sepa que su hijo ante todos y ante todos estará bien.

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