Ser agradecidos por la salvación demanda una vida activa

Dios no nos pide que nos salvemos por nuestra cuenta, nos pide corresponder al don gratuito de la salvación que Él logró en la Cruz y que implantó por el Espíritu Santo mediante la fe en Cristo.

“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:12-13 RVR1960

Hay un hermoso himno que principia diciendo: “Jamás podré llegar a comprender por qué Jesús me vino a redimir”. Es seguro que el Dr. Vicente Mendoza el autor, estaba pensando como yo, y seguramente como usted lo ha hecho muchas veces, en el privilegio de haber sido escogidos por Dios para salvación.

Nada hubo en nosotros que nos hiciera especiales; y sin embargo, por su pura gracia quiso elegirnos. Fuimos hechos sus hijos; los hijos de un Dios infinito, eterno que no cambia en su ser, es decir, nuca deja de ser sabio, todo lo podrá santo, bueno, eterno y veraz.

Pensemos: todo privilegio demanda un deber. ¿Qué deber será la que correspondiera a tal y a tan grande salvación que nos fue otorgada gratuitamente? La palabra de Dios nos dice en que forma podemos demostrar nuestra gratitud por tan valioso regalo:

“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?” Deuteronomio 10:12-13 RVR1960

Solo nos resta pensar si estamos o no correspondiendo a su bondad infinita. Además, notemos que el Señor nos ofrece algo adicional: la prosperidad. Ese algo que todo humano anhela, ni duda cabe: ¡que tenemos un Dios tan grande y bondadoso!

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