Para el tiempo de la angustia Dios es nuestro escondedero

Dios nos ofrece un lugar seguro en Él para que no andemos a riesgos de muerte en los momentos tormentosos de la vida por cualquiera que sea la situación adversa que enfrentemos.

Dios es el que nos protege del mal, realmente no podemos por nosotros mismos librarnos de las obras de satanás que buscan cada día arruinarnos. En cada momento difícil Dios espera nuestra oración para ayudarnos, porque aunque conoce nuestras situaciones de peligro, nuestra fe en El debe ser manifestada con el acto de la oración, pero también con la sumisión a su Señorío, es decir, la obediencia es muestra de confianza.

Debemos conocer las promesas de Dios y confiar que cada una de ellas se cumple de acuerdo como Dios lo ha determinado. Dios nunca rechazará a nadie que en el momento de la angustia acude a Él, Dios siempre protegerá a los que tienen en gran estima sus mandamientos para obedecerlos, porque precisamente los mandamientos de Dios libran nuestra alma y cuerpo de los males de este mundo. Dios es que que nos orienta por donde debemos andar, para salir de las sendas de muerte.

Los que no obedecen a Dios exponen su vida al mal; los vicios y las malas acciones arruinan el cuerpo y envenenan el alma. Confiemos y obedezcamos a Dios y nunca nos faltará lugar para escondernos y escudo para protegernos. no caigamos bajo los engaños y tentaciones de satanás, porque aunque en la experiencia nos haga dulces ofertas, todas ellas estarán envenenadas.

Confiemos que las promesas de Dios son fieles y verdaderas. Su Palabra nos fue dada como espada en nuestras manos, con ella podemos vencer la voz mentirosa de satanás. Para todo ella nos da la salida, es por eso que en las tribulaciones siempre estaremos bien. En los momentos de dudas hallaremos la respuestas, y también para el tiempo de la debilidad, es nuestra fortaleza. La Palabra es nuestro sustento, ella siempre nos encamina a Dios, a donde estaremos bien, pese a cualquier tiempo.

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