Dios por su amor nos llama insistentemente

La repuesta al llamado de Dios debe ser nuestro arrepentimiento, porque Él se acerca con el propósito de permanecer en nuestra vida, para cambiar nuestra condición de menesteroso, por una vida de abundante gracia.

“Debemos prestar atención a la voz del evangelio y actuar en consecuencia, de esta manera Dios se manifestará para darnos vida eterna y regocijo.”

Dios siempre nos está llamando a una comunión íntima con Él, además de ser esta una comunión de gozo permanente. Su llamado es insistente pero no violento, Él toca la puerta, no rompe la cerradura, ni intenta entrar como ladrón, pues espera en la puerta hasta que esta sea abierta. Nuestra respuesta debe ser el  deseo, que Dios esté en nuestra vida, para que tome el lugar principal de donde rija todo nuestro ser.

Esta metáfora muestra que Dios es quien toma la iniciativa para tener comunión con nosotros, nos busca hasta encontrarnos y nos llama hasta tener nuestra respuesta. En este proceso de búsqueda y llamado Dios lo hace a través del evangelio y por su gracia nos da la fe, con la que le respondemos convencidos, porque además, el Espíritu Santo hace efectiva la Palabra del llamado en nuestro corazón.

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