Dios escucha la oración de los humildes

La oración no es reclamo a Dios, sino la apelación a su gracia por los méritos de Cristo, y la respuesta de la oración no es nuestra declaración, sino la determinación de la voluntad de Dios. Cuando nos acercamos a Dios con esta actitud humilde Dios atenderá todas nuestras plegarias.

Dios les prometió a sus hijos estar en el templo dedicado a su nombre, ahí manifestaría su gloria y atendería el clamor de todos cuando vinieran a la adoración y a la oración. Dios espera a sus hijos que vengan a su presencia contristados por el pecado y agradecidos por la misericordia, buscando el perdón  y la bendición.

Cuando el ser humano deja la soberbia y con humildad reconoce a Dios como el único Señor dueño y soberano de todo lo creado, y se sujeta a Él para dejarse guiar por su voluntad, y se convierte de su mal camino para volverse a Dios en una comunión de adoración y servicio, Dios atenderá cada una de sus necesidades y salvará su vida del juicio severo y de la muerte eterna.

Dios escucha la oración de los humildes, perdona cada uno de sus pecados, les quita la culpa, la maldición y los libra del poder del pecado. Cuando el nombre de Dios es santificado y se reconoce su gracia, hay bendiciones de protección, provisión, dirección, es decir, Dios siempre guardará nuestra vida del mal, nos dará el pan y guiará nuestra vida por el camino del éxito y de la bendición eterna, de acuerdo a las riquezas de su gracia. Santificar el nombre de Dios implica la santificación de nuestra vida para honrar su santidad, y reconocer su gracia, significa ser agradecidos a través de la alabanza y el servicio.

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