La presencia de Dios es la felicidad de nuestra vida

Nadie debe ocupar el lugar de nuestra vida que le corresponde a nuestro Creador, porque Él es nuestro sustentador, sus obras y sus bendiciones son incomparables, tiene todo lo que necesitamos y nos lo da con amor.

Donde está Dios no falta ningún bien, pero para que su presencia se manifieste con todas sus bendiciones, debemos de sacar de nuestros corazones  todo lo que ocupa el lugar que le corresponde. Es en esto cuando nuestra vida realmente confía en Dios, porque el que lo hace así, lo reconoce con todo su corazón como el único digno de adoración, porque nadie es como Él, que entregue a su único Hijo a la muerte,  para salvar nuestra vida.

Además, en Cristo nos aseguró todo lo que necesitamos para ser felices. Porque la dicha más grande que alguien puede tener, es que el favor de Dios sea con él, que Dios sea por nosotros y con nosotros.

Si hoy podemos tener en nuestra vida a Dios, el que nos creó y nos provee todo lo que necesitamos, es porque el vino a nuestro encuentro, ya que por nuestra desobediencia caímos en pecado, y bajo la miseria y desde allí no podíamos hacer nada por nuestra vida, estábamos muerto. Así que la presencia de Dios en nuestra vida, inició cuando nos dio la nueva vida en Cristo, esa vida de gozo total, porque el don de la salvación es el favor de Dios incomparable con ningún otro favor.

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