Por el oír del evangelio viene la fe

No necesitamos ver para creer, o en todo caso, al creer por lo que vemos nos convence no el hecho, sino quien lo hizo. En realidad la fe opera desde nuestro interior por el Espíritu Santo, así somos convencidos para creer en Cristo. Tampoco podemos pasar por alto que, la fe que tiene su asiento en el corazón tiene su fundamento en la Palabra de Dios, la cual al ser escudriñada o escuchada nos da a conocer el evangelio de donde brota la fe.

«Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” Juan 20:28-29 RVR1960

Podemos ver muchos milagros, pero los milagros no nos convencen genuinamente, más bien es el poder de Dios y su gracia que operan en cualquier hecho o manifestación que se lleva acabo conforme a la palabra revelada de Dios. Pongamos nuestra fe en Cristo, aceptemos obedientemente su palabra y disfrutemos sus abundantes maravillas en nuestras vidas, porque así sucede cuando tenemos confianza en él y dependemos de él sin poner ninguna condición.

Cuando escuchamos el evangelio y lo aceptamos para recibirlo y para obedecerlo adecuando nuestra vida a él, lo hicimos por la verdad que oímos, porque aunque aparentemente también podemos creer por lo que vemos, en realidad lo que vemos y oímos sólo es un medio y tampoco es el objeto de nuestra fe. Tenemos que saber que, Cristo es el objeto de la fe y que ver no es necesario para creer, porque es la fe la que precisamente nos hace estar seguros de que existe lo que no podemos ver o tocar. 

No es el hecho que nos convence, si no la palabra o el origen del acontecimiento, y en este caso, Dios es el origen de todo bien o hecho maravilloso, él es el que se ha revelado a través del evangelio. Nunca la genuina fe está condicionada por lo que se ve, porque la fe es la convicción de lo que no se ve, y andamos por fe, no por vista.

Sólo movidos por la fe tenemos que dejar atrás muchas cosas y renunciar a otras tantas sin la necesidad de ver nada de lo que está adelante, pero podemos encaminarnos a ello ciertísimos de lo que vendrá y confiando en Dios. Todo esto sólo puede ser posible con la ayuda de Dios, con la presencia del Espíritu Santo quien es experto en enseñar, en recordarnos las palabras de Jesús y en convencernos con la verdad que recibimos a oídas.

Al principio Jesús se presentó no con milagros, sino con la palabra que Juan el Bautista anunció, y sin que muchos lo vieran se acercaban arrepentidos para ser bautizados, movidos por la palabra del bautista y por el conocimiento que tenían sobre la profecía mesiánica. Claro está, tampoco es que tenemos que desechar los hechos de Jesús que confirmaron quien era, sin embargo, muchos de los milagros que él hizo fueron antecedidos por la fe en él, por eso también reprocho a los que pedían señales para creer. Escuchemos el evangelio y seguro vendrá la fe como un don de Dios.

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