Si mirar atrás avancemos a la meta

La gracia con la que Cristo nos salvó es nuestro impulso para consagrarnos a él y buscar la perfección sin mirar para ningún otro lado, sino siempre con la fe puesta en el, porque si por Cristo somos salvos, por el también seremos perfeccionados, recibiéremos la gloria cuando venga de nuevo a la tierra para reunir a su pueblo por la eternidad.

“No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.” Filipenses 3:12-14 NVI

Ya somos salvos por la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesús, pero hoy vamos aún en el camino de la perfección, y para esto Dios ha puesto su gracia a nuestro alcance, para que mediante ella crezcamos con total responsabilidad. Dios ha manifestado su gracia, sin la cual sería imposible nuestra salvación, ahora nos corresponde esforzarnos en esa gracia perseverantemente hasta que Cristo venga por segunda vez y nos haga perfectos.

No podemos ser pretenciosos de haberlo logrado ya todo, y mucho menos de pretender que todo ha sido, es y será por nuestro esfuerzo, no debemos creer que ya no hay de qué preocuparse o porque esforzarse, pero tampoco esto significa que estamos tratando de ganarnos la salvación con nuestra propia fuerza. Debe quedar claro que nuestro esfuerzo aquí y en la vida cristiana, en la carrera de nuestra fe y en nuestro peregrinaje en esta tierra, no es para ganar la salvación, sino por nuestra perfección.

No debemos tener ninguna duda de nuestra salvación, no debemos perder por nada esa esperanza que es segura y ciertísima, porque esto si depende totalmente del esfuerzo de Cristo, y todo lo que él ya hizo por nosotros en la cruz del calvario es suficiente y eficaz para que seamos salvos eternamente. Pero esto no nos quita la responsabilidad, y el deber de ser consistentes y constantes en la búsqueda de la completa perfección, porque ésta aún no la hemos alcanzado y tenemos que estar involucrados constantemente y sin descuidos hasta que Cristo venga.

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