Dios nos entregó todo como muestra de su amor

No hay nadie como Dios, que nos ame como nos amó para salvarnos como nos salvó. Hoy seguimos disfrutando de este gran amor en todas las cosas, y cada adversidad puede ser superada por medio de aquel que nos amó.

El amor de Dios no tiene límite, y es tan glorioso, porque se trata de toda la entrega de Dios, y del beneficio más grande que el ser humano pueda recibir. La manera en la que Dios nos mostró su amor es única, y el propósito de su amor sobre pasa la lógica y el razonamiento humano, porque desde la perspectiva de la razón no es posible entregarlo todo por alguien,  que por la condición en la que se encontraba había perdido todo valor, y además actuaba en contra de quien le manifestó su amor. Este es el amor de Dios que nos sacó de la miseria y perdonó todos nuestros pecados.

Absolutamente nadie podía hacer posible el acto de nuestra redención, porque nadie estaba en la condición para lograrlo, y además, porque nadie nos amó tanto como Dios lo hizo, por eso fue Dios quien pagó el precio de nuestro rescate, lo entregó todo por nosotros, dio lo único que tenía y lo que más amaba, porque decidió amarnos. Entregó a su hijo al dolor para darnos alivio, y a la muerte para darnos la vida.

El amor de Dios hizo posible que su ira nos fuera quitada para ponerla sobre su propio hijo. Nos libertó de la condenación eterna y de la perdición, para darnos un regalo inmerecido que nadie más podría darnos o querría darnos, es la vida eterna con Dios por siempre, sin la mínima posibilidad de perder esa posición y todos los derechos como hijos.

Por este amor hoy podemos gozar de la vida eterna disfrutando este amor divino permanentemente y de la paz con Dios, de paz interna y de toda tranquilidad por la misma a pesar de tanta tribulación cotidiana, porque el amor nos basta para superarlo todo. El gozo de la salvación va en aumento cada día y la esperanza crece aún más cuando sabemos que el día del regreso de Cristo a la tierra está cerca. Por esto debemos poner totalmente nuestra fe en Cristo, y debemos confiar en todos sus los méritos, para acceder a todas las bendiciones del amor de Dios que vienen con la vida eterna.

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