Nos hace bien confiar a Dios nuestras penas y ser agradecidos

En cualquiera que sea nuestra situación, la comunión con Dios es necesaria, porque el siempre espera ayudarnos, pero también espera recibir nuestra adoración de gratitudes por sus bondades.   

Orar a Dios nos ayuda a enfrentar la tristeza, porque ésta siempre viene por alguna necesidad física, emocional o espiritual, o también por alguna perdida, o incluso, por alguna otra razón. Pero como sea que nos llegue la tristeza, nos servirá para conocer nuestra reacción, ya sea que nos encerremos en nosotros mismos, tratemos de desahogarnos en alguna otra cosa o vayamos a Dios en oración para que nos ayude en nuestra situación. Lo correcto y la solución es orar a Dios para pedir su intervención, en Él está nuestro consuelo y la solución para lo que nos está afligiendo.

Si somos creyentes en Jesucristo no debemos sorprendernos por nuestras tristezas o aflicciones, también nosotros sufrimos y nos entristecemos, pero por nuestra confianza en Dios y por nuestro conocimiento, debemos echar sobre Él nuestras angustias, y si tenemos que llorar hay que hacerlo, pero no podemos quedarnos siempre en la tristeza, o permitir que la tristeza nos quite la esperanza futura, es por esto que debemos orar, para que Dios nos ayude no a reprimir nuestras emociones, pero si para darle solides a ellas y que podamos controlarnos, para que una cosa no nos lleve a la otra, y en este caso, para que la aflicción no nos lleve a  actuar como actúan los que no tienen esperanza y consuelo.

La oración nos permite estar en contacto con Dios, porque aunque Él sabe nuestras necesidades, espera que nosotros se las contemos como un acto de fe y de dependencia. Recordemos que Dios nos ha dado la fe y nosotros debemos hacerla crecer con los mismos medios que nos ha provisto, y es nuestro deber ejercitarnos en ella.

Por esto mismos, debemos aceptar que las dificultades son propias de vivir en este mundo y en esta carne, entender esto debe ser el resultado de nuestra madures espiritual. Así que también cualquiera que sea hoy nuestra angustia, estamos seguros que Dios está interesado en ayudarnos,  y que también hará que esto nos ayude a madurar más como creyentes, a aumentar nuestra fe y a aprender a buscarlo más en estos tiempos difíciles.

Así es como debemos canalizar a Dios nuestras tristeza con la fe en que con Él lo superaremos, pero también debemos reconocer que todas nuestras alegrías por los logros y por los buenos tiempos vienen de Él, por eso debemos adorarlo como un reconocimiento de su gracia y por sus bondades. Entender esto y reconocerlo en la práctica, también nos ayuda a comprender, que si a Dios tenemos adorarlo en nuestras alegrías, significa que es el dador de la alegría, por lo tanto,  cuando estamos tristes debemos acudir a la fuente de la alegría.

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