Dios es la fuente de la salvación y de toda bendición

No andemos sin la salvación de Dios y sin sus bendiciones, porque si hoy tenemos vida existe la oportunidad de ser llenos de su gracia divina. Y si ya estamos viviendo el gozo de la salvación y la gracia de sus bendiciones, hagamos que nuestra vida sea muy feliz para su gloria.

No existe la posibilidad de salvarnos por nuestra cuenta, ni por más que nos esforcemos, tampoco podemos valernos por nuestra propia cuenta para estar bien desde la intimidad de nuestro ser. Siempre será necesaria la gracia salvadora de Dios y la manifestación de sus bendiciones cotidianas.

La salvación es solo obra de Dios; desde su consejo divino y eterno la planeó, y aquí en la tierra la ejecutó, y la está haciendo eficaz por todo el mundo. Lo mismo en cuanto a sus bendiciones, que decreta y renueva cada día, sólo en Él tienen su origen. Clamemos hoy a Eterno por la salvación y por sus bendiciones, pidámosle que su gracia salvadora y que sus abundantes bendiciones se manifiesten en nuestras vidas y en las de los demás.

Leamos y entendamos cada circunstancia de la vida como la ocasión que Dios está creando para derramar sobre nosotros la gracia de la salvación y de sus bendiciones. Por eso, en lugar de revelarnos contra Él, o de escuchar o vociferar que Dios o no es bueno o no existe por tanta necesidad que hay en el mundo, reconozcamos y confesemos que Él es salvador bondadoso, ya que siendo nosotros los responsables de la perdición, Él es el salvador, y cayendo sobre nosotros la culpa de la maldición, Él es el autor de la eterna bendición.

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