Cuidado con el falso arrepentimiento

Dios siempre perdonará a los que sintiendo dolor por sus pecados se arrepienten de todo corazón y con humildad.

 «Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.» Joel 2:12-13 NVR1960

Tenemos que arrepentirnos con todo el corazón, el arrepentimiento a medias no funciona o no existe. Sólo se puede arrepentir verdaderamente el que siente dolor por su pecado, y por lo mismo se aparta de él.  El que se arrepiente de su maldad es porque aborrece el pecado y siente el amor de Dios en su vida, y procura con la ayuda divina ya no volver de donde salió, ¿o acaso alguien que fue curado de una enfermedad desearía volver a enfermar? ¿El que se golpeó la mano con un martillo por accidente anhelaría otro golpe como ese? La gracia de Dios nos recibe no importando nuestra maldad, porque por ella somos perdonados y con ella restaurados.

Ciertamente Dios nos perdona, pero para estar constantemente en un cambio, en la transformación de nuestra  vida, necesitamos dedicación, compromiso y un ejercicio cristiano ordenado y disciplinado, para que la palabra de Dios nos ayude a ser renovados desde entendimiento y corazón, y para que a través de la oración estamos siendo fortalecidos, y así podamos estar firmes ante el pecado.

El arrepentimiento nos lleva actuar con humildad, primero porque aceptamos nuestros errores, y segundo, porque reconocemos que siempre necesitaremos de la ayuda de Dios.

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