La sanidad es una promesa de Dios

La sanidad es promesa de Dios, y a través de ella podemos conocer más de su amor, pero de igual manera, a través de la sanidad podemos recibir su grande misericordia. `Pero debemos tomar en cuenta que aúnen la enfermedad Dios obra para bendecir a quienes le aman, ya que Dios es capaz de hacer que todas las cosas sean de bien en la vida de los que han aprendido a depender de sus planes y propósitos.

«Cuando Jesús anduvo en la tierra, dijo que la condición de enfermedad en el cuerpo de una persona era para que el hijo de Dios se glorificara, así que con esas palabras, y con este texto bíblico podemos entender por qué Dios puede permitir la enfermedad en nuestro cuerpo, si la permite será porque nos dará algo mucho mejor que la salud en ese momento, y con ello nos estará preparando para el tiempo en el que ya no volveremos a morir.»

Oremos fervientemente a Dios para que proteja nuestro cuerpo de la enfermedad, para que nos de abundante salud, provea la medicina y para que con sus manos sanadores toque nuestro cuerpo y lo haga libre de cualquier cosa por muy mínima o muy grande que nos esté afectando, y que nos está quitando la calidad de nuestra vida física.

Dios siempre escuchará a sus hijos que claman por sanidad, siempre mirará nuestra condición para actuar con su poder sanador, ya que no hay ninguna enfermedad con la que Dios no pueda tratar, tanto para impedir que toque el cuerpo, como para reprenderla y ordenarle que se vaya.

Dios promete librarnos de cualquier peste destructora, por eso debemos orar todos los días para que cumpla esa promesa en nuestras vidas, tal perseverancia nos hará personas que tienen el hábito de orar, y manifestará que creemos en lo que Dios promete, y estamos seguros que los que confían en Dios siempre les irá bien.

A esta promesa de salud se le suma la paz con la que podemos estar estables y seguros aun en las crisis de salud; cuando estamos enfermos, pero también cuando se propaga algún mal que amenaza alcanzarnos. Con la paz podemos esperar lo necesario, confiando que Dios actúa justo a tiempo y de manera eficaz para protegernos de la enfermedad, para cumplir su propósito si estamos enfermos y para curarnos.

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