Aunque somos frágiles y débiles bajo el cuidado de Dios estamos muy bien

Entre más difíciles sean los tiempos, más será conocida la iglesia y el Dios Creador y Salvador, porque está decretado, que nadie podrá triunfar sobre el pueblo de Dios, que quizás algo pueda derribar a un hijo de Dios, pero nada lo puede destruir.

«Todo esto es así, porque la protección y cuidado que Dios tiene para con sus hijos es tal, que su trato delicado, ante quien es frágil, es tan eficaz, que no importando lo débil que somos, finalmente, por la protección de Dios estaremos bien.»

Esta es una oración conmovedora, pero a la vez hecha con confianza y basada en el conocimiento de lo que Dios es en la vida de sus hijos y de su pueblo, lo que Dios es capaz de hacer, y sobre, cómo trata a los que él ama. Esta plegaria no solo describe la delicadeza con la que Dios trata a sus amados, sino también, el valor que tenemos para él, lo frágil y delicado que somos, pero que al estar bajo el cuidado de Dios estaremos bien.

Nada hará que perdamos el valor que tenemos, porque tal valor depende de lo que Cristo hizo por nosotros, ya que estando en la miseria, por su muerte que es la manifestación de su misericordia nos dio las riquezas del cielo y nos puso en un lugar especial, precisamente en los cielos. Para Dios somos muy importantes, y así nos trata en la vida diaria, y por lo mismo, siempre nos quiere dar lo mejor. Así que, orar es conveniente, porque es el medio por el que Dios nos dará lo que busquemos, y claro está, no nos faltará su protección.

Aunque como la parte más delicada de los ojos seamos sensibles y blandos, Dios no nos deja expuestos, pues nos rodea, tal y  como un ojo está rodeado de hueso y piel. Dios siempre vela por nosotros y nada se le escapará como para que nos destruya y se arruinen sus buenos propósitos que ha determinado  para que estemos bien aquí, ahora y en la vida eterna con él.

Si la figura del ojo que nos muestra el trato delicado y protector que Dios nos da, nos conmueve y nos mueve a la oración, la figura del ave que protege a sus polluelos del mal que los rodea en los aires, nos convence de que nadie más nos da la protección que Dios nos ofrece, en ningún otro lado estaremos mejor, como lo estamos bajo sus alas.

Ante el mal que hoy vuela por los aires, tenemos el cuidado tierno de Dios y un lugar suave pero seguro, para que nadie, ni nada nos destruya y nos haga perder lo que Dios ya declaró para nuestra vida, lo que hemos recibido y la esperanza de lo que recibiremos. Estemos en calma ante todo lo que hoy parece ser difícil de soportar, confiemos que Dios es capaz de guardarnos seguro y que su amor por nosotros no tiene límite, porque somos lo más especial, tal como la tierna niña de sus ojos, y como un pequeñito e indefenso polluelo.

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