Dios nos hace prosperar en su gracia cuando le confesamos nuestros pecados

La misericordia de Dios consiste en su actitud y actividad amorosa, al venir a nuestro sitio de miseria y sacarnos de ahí, al lavar nuestras vidas en Cristo y al vestirnos con ropas blancas, es decir, siempre alcanzaremos perdón y aceptación en su gran misericordia cuando confesamos nuestros pecados. Sólo de esta manera podemos desarrollarnos y ser prósperos en la vida.

“No menospreciemos la gracia de Dios con la que nos ayuda en nuestra condición de pecado y de debilidad, para que siempre estemos fructificando en la vida. No hay que quedarnos en nuestros pecados, debemos salir de ahí con el amor de Dios, y a la vez es nuestro deber ayudar a otros a través de esta gracia, y no convertirnos en jueces y obstáculo para que reciban misericordia.”

Por la naturaleza pecaminosa tendemos a no sacar a la luz nuestros errores, faltas y pecados, y por lo mismo, también tendemos a justificarlos de manera inadecuada, porque precisamente, cuando no se entiende la justificación en Cristo se actúa de esa manera. Dios espera que presentemos delante de él toda nuestra maldad, ya que si nos arrepentimos nos perdona de todas ellas, porque para eso murió Cristo, para que a través de él nos sea quitada la  culpa y nuestros pecados sean borrados.

El pecado arruina nuestra vida y afecta todo lo que hacemos. Debemos tener mucho cuidado cuando alguien que pretende ser predicador nos presenta un mensaje en donde suaviza la palabra para que no nos confronte con este mal. Realmente la palabra de Dios nos llama a dejar atrás esa vida pecaminosa, en donde solo se vive para el deleite carnal, nos convoca a consagrarnos a Dios, para ser llenos y transformados por el Espíritu Santo y vivir al agrado de Dios.

No es que ya estemos exentos de equivocarnos, pero precisamente, quien transgrede la ley de Dios y entiende su misericordia, inmediatamente dolido por su falta se acerca para buscar el perdón, pero muy convencido que tiene que dejar la práctica voluntaria de tal o cual pecado. No retengamos el pecado, liberemos nuestro corazón en la presencia de Dios, porque no rechaza a nadie, lo atiende con misericordia y lo hace prosperar.

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