Dios nos hizo valiosos para su gloria en Cristo

Somos el pueblo que le pertenece a Dios, pues nos compró a precio de sangre, es por eso que nuestro valor es incalculable y nuestro propósito es especial.

Somos especiales, porque Dios en su infinita gracia nos eligió para hacernos su pueblo, con ello nos dio todos los derechos reales que nos corresponden; nos consagró sólo para él y así somos de su propiedad, pero no como lo hace un rey sanguinario, sino que más bien, que él mismo se entregó por nosotros, para sacarnos de la miseria de donde antes no valíamos nada, y nos ha colocado en un lugar tan especial, que hoy podemos tener comunión con él de manera tan íntima.

Fuimos elegidos por Dios para disfrutar las bendiciones de su reino, y como pueblo especial nos caracteriza la obra de Dios en nuestras vidas, pues fuimos elegidos en Cristo, perdonados en él y también somos santificados en él, no sólo en términos de que Dios nos ha consagrado para su servicio, sino que también somos transformados, pues antes vivíamos en tinieblas, más ahora estamos en la luz, es decir, nuestras obras son diferentes.

Nuestra ciudadanía no pertenece a este mundo, somos de la ciudad de Dios, pero estamos aquí para dar testimonio de quien nos santificó, somos mensajeros del reino de Dios y como tales, a través de nuestras vidas santificadas en Cristo y con el mensaje del evangelio anunciamos quién es el salvador, lo que ha hecho y su propósito, puesto que precisamente, el evangelio es la persona la obra de Cristo.

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