Que nada nos impida cumplir con gozo nuestra encomienda divina

Lo mejor que nos puede suceder en la vida es serle fiel a Dios en todos los ámbitos en los que nos toca vivir, cada uno de nuestros roles cuentan para la gloria de Dios, todos nuestros oficios son santos y deben ser ofrecidos como alabanzas al Señor.

Debemos tener presente que Dios espera, que con nuestras acciones otros sean bendecidos, porque, aunque hay ministerios y oficios específicos en cuanto a la predicación del evangelio, todos los redimidos por la sangre de Cristo somos siervos para dar a conocer las buenas noticias de salvación.

Esto debemos llevarlo a cabo con fidelidad y con entrega total, aunque nos cueste la vida, ya que el verdadero gozo brota de serle fiel a Dios en lo que nos ha encomendado hacer en esta vida, y por supuesto que este gozo será consumado cuando recibamos la gloria que con Cristo nos es traída.

Nada nos debe detener como para que renunciemos a nuestro ministerio terrenal, si Cristo cumplió su obra en la cruz, también debemos estar dispuestos a cargar la cruz con tal de honrar su nombre y nuestro llamado. Además que, en las adversidades, el anuncio de la salvación es la respuesta y la solución que el mundo necesita oír.

La encomienda que tenemos, de compartir el evangelio no es negociable, no se puede cambiar por nada, eso es algo nuestro que nos fue confiado desde el cielo y debemos compartirlo no importando si los tiempos son complicados para hacerlo, finalmente, siempre nos acompañará el gozo de ser fieles y el gozo por la promesa, de la recompensa celestial.

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