Por todas nuestras acciones seremos juzgados por Dios

Debemos buscar que nuestro corazón sea sostenido por Dios; tenemos al Espíritu Santo quien santifica nuestra vida, y la Palabra divina que nos dirige por la vida correcta.

No solamente es la oración que debemos elevar a Dios para que nos atienda, sino que también, debemos echar mano de la Biblia, pues la tenemos al alcance, ya de este modo también el Espíritu Santo la aplica a nuestra vida. La Palabra orienta, sustenta, previene, y siempre nos lleva a confiar en Cristo y en su obra perfecta, es así como nuestro corazón puede estar bien.

Nuestras decisiones y acciones deben ser santas, es decir, todo debemos dedicarlo a Dios, porque todo lo que a Dios glorifica a nosotros nos edifica, eso es el éxito de la vida. Con esta condición de vida demos disfrutar las bendiciones de Dios, pues así es el andar de los creyentes en los caminos del Señor; con el corazón conforme al corazón de Dios, y si esto es así, por supuesto que con toda alegría y confianza podemos pedirle a Dios lo que sea que necesitemos, nada nos impide o nos estorba hacerlo.

Busquemos que nuestro corazón sea libre del mal, ya que con la presencia del mal se distorsiona toda la vida, el mal nos aleja de Dios, nos pone contra Dios y por eso mismo sufrimos. Si nuestro corazón está lleno de Dios y de Su Palabra, somos transformados y todo será para bien, aunque no podemos negar que mientras estemos en este cuerpo y en esta vida los residuos del mal nos acompañan, por eso es que es urgente la presencia de Dios en nuestra vida.

Si no atendemos nuestro corazón como Dios manda, nuestra vida estará siendo vivida contraria a la voluntad de Dios, y debemos tener presente que este tipo de vida que no glorifica a Dios, nos hace caminar en la incertidumbre en la pobreza espiritual y siempre tendremos un vacío en nuestra vida que nos hará estar tristes y siempre desalentados. Pero ante todo, también tengamos en cuenta que seremos juzgados por nuestras decisiones y acciones.

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