Manifestemos de palabra y de obra que Cristo es nuestro salvador

Nuestra salvación es atribuida a Cristo, porque con su vida pagó nuestro rescate cuando éramos esclavos del poder del mal. Él exhibió públicamente el mal que nos tenía sometidos al dolor y a la muerte.

Cristo es el Señor y el Salvador, bajo su señorío quedaron sometidos los poderes del mal; satanás, el pecado y la muerte.  Por esto, al clamar en el nombre de Cristo somos liberados de estos poderes, recibimos el perdón de nuestros pecados, la vida eterna. De esta manera nuestra vida comienza a ser renovada y fortalecida, es solo así cómo podemos ser salvos.

Jesús es el único nombre que nos fue dado para recibir el perdón de nuestros pecados y la salvación. Debemos poner nuestra fe en Cristo, y toda nuestra vida debe estar sometida a su señorío, porque al ser exaltado sobre todos los poderes del mal recibió el nombre que es sobre todo nombre.

Tengamos confianza que la salvación que recibimos de él perdura en nuestra vida, ya que también nos comparte su victoria sobre él mal, y por lo tanto, nadie nos puede impedir ser salvos, o quitarnos la salvación que nos es entregada por Cristo.

Invocar el nombre de Cristo, no solamente es un clamor en su nombre, es confesar en la vida diaria tanto de palabra como de obras, que fuera de él no hay salvación, por lo que ponemos en él nuestra confianza y vivimos para su gloria.

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