Que nuestra fe también sea para bendición de muchos

Siempre podemos ser instrumentos de la gracia de Dios para bendecir a nuestro prójimo. Nuestra intervención en la vida de los necesitados puede ser prosperada por Dios. Aceptemos que hay personas que necesitan de nuestras acciones y oraciones.

Llama mucho la atención como Jesús honró la fe de los que le acercaron a un paralìtico para que lo sanara, era tanto el amor por el enfermo y tal la confianza en Jesús, que por el techo hicieron descender al pobre hombre en una cama para que tuviera contacto con Jesús.

Esto no hace pensar en varias cosas, pero quizás la más importante, es sobre la bendición que podemos provocar en la vida de una persona cuando la ayudamos a acercarse a la gracia de Dios para que su vida sea favorecida.

Hay tantas personas que necesitan conocer a Jesús, quienes necesitan oír el evangelio, o hasta de nuestras oraciones de fe para que sean sanados y para que también sus pecados les sean perdonados. Por eso la misma biblia dice, que “la oración del justo puede mucho”, porque precisamente su enfermedad puede ser sanada conforme a la voluntad de Dios y también sus pecados pueden ser perdonados, esto porque todo el que es tocado por la gracia de Dios es movido a creer para recibir las bendiciones de Dios.

Este milagro también nos ayuda a comprender que la gracia de Dios opera desde el interior hacia el exterior, desde el alma hacia el cuerpo, pues este hombre fue llevado por sanidad y tuvo como resultado la salvación y la sanidad. Hoy debemos ser motivados primero a buscar la santidad y seguro así conforme a la gracia de Dios recibiremos también la sanidad.

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