La tribulación muestra la presencia de Dios y no su ausencia

No pensemos que Dios nos ha dejado solos en medio de la tribulación, por eso aunque lleguemos a sentirnos solos y abandonados, no debemos intentar librarnos con nuestra propia fuerza y con nuestros propios medios, porque es precisamente el actuar de Dios el que está operando, porque si en las tribulaciones llegamos a sentir soledad, eso muestra que necesitamos la prueba que estamos enfrentando, para que así aprendamos a buscar la presencia de Dios en nuestra vida.

«Las terribles y constantes tribulaciones pueden hacer que una persona se sienta sola y olvidada, lo cual sería también una experiencia difícil, pues el estado de ánimo está afectado totalmente, al grado de llegar a pensar que Dios está inactivo en esos momentos difíciles, o como se dice coloquialmente; “cuando más se le necesita se aleja y se olvida de nosotros”.

En verdad, Dios no está ausente cuando sufrimos, es todo lo contrario, está tan al pendiente, que él mismo permite la adversidad como muestra de su amor, pues a través de este proceso nos compartirá bendiciones espirituales, y tal cosa necesitamos para estar bien en todos los aspectos de nuestra vida. Precisamente, si no fuera por la pronta actividad de Dios seríamos devorados por el mal.

La actitud que Dios toma ante la adversidad, y el lugar que ocupa es especial, porque espera que le busquemos, que clamemos por su ayuda, que pidamos su misericordia, y es que de esa manera lo conocemos más y nos relacionamos, cosa que tenemos que cultivar de manera diligente, pero debemos saber que por amor Dios nos mantiene en contacto con él, y para eso usa las pruebas.  Así que, las tribulaciones no son para que pensemos que Dios de ha alejado, o que nos ha abandonado, más bien, es la ocasión que nos muestra que está muy cerca de nosotros y al pendiente de todas nuestra necesidades, materiales y espirituales.

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