Los que amamos a Dios somos bendecidos en las tribulaciones

Las pruebas en la vida de un cristiano son señales de bendiciones de Dios, manifiestan el amor divino, porque lo que Dios está haciendo es llevar a sus hijos a un entrenamiento espiritual, al ejercicio de la fe y a la ocasión oportuna para enriquecerlos con la fe.

Dios desea desarrollar nuestra espiritualidad ya sea para que también nuestros dones espirituales sean muy fructíferos aquí en la tierra, como para que también estemos preparados para el encuentro glorioso con Cristo. Estamos seguros que para todos los que somos hijos de Dios nuestro anhelo más grande son, que Dios siempre se sienta honrado con el ejercicio de nuestra fe y que veamos a Cristo junto con el galardón que nos ha prometido.

Es por eso que debemos depositarnos confiadamente en las manos de Dios con una actitud de humildad y de reconocimiento por la obra que está haciendo en nuestras vidas, aunque físicamente nos toque sufrir. Hoy podemos tener comprobado, que si no hubiese sido por las pruebas que hemos enfrentado en el pasado nuestra vida no tendría el gozo de Dios que hoy tiene, ni la esperanza fuera tal, ya que hoy estamos seguros de que tenemos una morada con Dios, donde ya la aflicción no tiene lugar.

La luz de la esperanza brilla entre más espesa se la oscuridad, lo grande de la fe se mide ante una enorme montaña cuando le decimos muévete de ahí, es decir, cuando ese enorme problema no detiene nuestro caminar con Cristo, porque precisamente la fe es la confianza en Cristo y en su obra perfecta en la cruz, la cual es su muerte, pero también su victoria glorioso sobre el poder de la muerte y de satanás. Es así como Dios obrará en todas las tribulaciones por muy grandes que sean, Dios obrará con ellas y a pesar de ellas para favorecernos cristianamente.

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